lunes, 31 de diciembre de 2018

Pequeños éxitos

Cuando era niño, una práctica habitual en muchas tele-comedias era la de hacer capítulos especiales durante fechas señaladas (Navidades, por ejemplo). Estos episodios consistían en una especia de recopilatorio de “los mejores momentosde esa o de anteriores temporadas: el contenido novedoso era mínimo y los 20 o 30 minutos que duraba el especial se componía casi en su totalidad de escenas ya emitidas previamente, habitualmente presentadas como recuerdos de alguno de los personajes principales de la serie.

Hoy recojo esa práctica y la adapto al formato blog para finalizar el año. Esta es mi particular versión de los “grandes éxitos” (pequeños, en realidad, pero importantes para mi) de El Lecho de Procusto, un listado de las cinco entradas que más visitas han tenido hasta la fecha, que no solo sirve para recordar algunos de aquellos escritos si no también para que las personas que no los leyeron en su momento (quizás recién llegadas a esta página web) tenga ahora la oportunidad de hacerlo.

Junto a esas cinco entradas incluiré otra lista, la de los artículos publicados durante este año en diversas revistas especializadas y en los que he participado como co-autor.


Entradas con más visitas

Una cuestión importante para el desarrollo profesional de los psicólogos clínicos: ¿mejora tu rendimiento si pasas por terapia personal? A pesar de que la mayoría de las personas que ha vivido la experiencia la califica como positiva y de que en muchas escuelas de psicoterapia es un requisito imprescindible para completar la formación, la realidad es que hoy en día no se ha podido demostrar que aquellos clínicos que han pasado por terapia personal sean más eficaces que el resto.

Esta entrada ha resultado polémica y mal recibida por parte de algunas personas (algún día contaré hasta qué punto). Es, en parte, curioso que sea así, teniendo en cuenta que lo que se hace es explicar la legislación sanitaria vigente que regula la especialidad en psicología clínica, quién puede anunciarse como psicólogo o psicóloga clínica y quiénes pueden trabajar en este ámbito. Ni más ni menos.

Mi reseña sobre este enfoque de terapia y de la tercera edición del libro de Miller y Rollnick suscitó también bastante interés. No es para menos, la obra es buena y la Entrevista Motivacional es un tipo de intervención aplicable por parte de clínicos de diferentes orientaciones y que goza de evidencia empírica.

Una entrada con varias lecturas sugeridas para los/las PIRes que inician su formación en psicoterapia, ¡pero que también puede ser del interés de estudiantes, clínicos y psicólogos en general!

Una crítica a lo que algunos psicólogos se dedican a decir en los medios de comunicación y la mala imagen que dan a la profesión. Algo que, en cierto sentido, representa muy bien la siguiente viñeta.


 
Artículos publicados en revistas especializadas durante el 2018

En este trabajo se discute acerca de la excesiva proliferación de diferentes tipos de psicoterapia y el negocio construido alrededor de los mismos: métodos patentados, cursos, acreditaciones oficiales, libros, etcétera. Se muestra cómo la evidencia científica no justifica la práctica habitual de privilegiar el tipo de tratamiento concreto que se utiliza en terapia sobre otras variables que han demostrado ser más relevantes, especialmente aquellas asociadas a la relación terapéutica y a los factores vinculados a terapeuta y paciente. Finalmente, se plantea la necesidad de abandonar la competición entre modelos y centrar la investigación en aquellos factores que hacen de la psicoterapia un procedimiento eficaz para solucionar problemas de salud mental, más allá de la marca (paradigma) del tratamiento empleado.

The general aim of this research is to evaluate the singular weight of attachment relationships in psychopathology, to determine the point to which these relationships cannot be subsumed by other variables that are famously related to attachment, such as experience of stressful life events, social support, and coping styles. 172 people treated in mental health centers provided data related to these four aspects and about manifestations of psychopathology. Multiple linear regression analyses determined that 51% of the variance in the level of symptomatology is explained with six variables: two related to adult attachment (fear of rejection and abandonment in romantic relationships, and the degree of similarity to the fearful prototype), one related to social support (family appreciation), one to life events (overall perceived stress), and two to coping style (cognitive restructuring and social withdrawal). Fear of rejection was the variable accounting for the most variance. The findings suggest that adult attachment is a non-redundant individual factor associated with manifestations of psychological dysfunction and highlight the desirability of taking attachment history into account in clinical practice.
En el campo de la investigación en psicoterapia existe una intensa dialéctica entre el enfoque centrado en los resultados y el enfoque centrado en el proceso psicoterapéutico. La Práctica Basada en la Evidencia integra ambas posturas junto a las características del paciente y la pericia de los clínicos. De este modo, las variables de proceso tienen una mayor visibilidad en la última década. En este trabajo se aborda una de ellas: la monitorización sistemática de resultados y el uso del feedback del paciente en psicoterapia. Se realiza una presentación del tema en nuestro entorno y se ilustra mediante la exposición de 5 casos clínicos. Se revisa el estatus empírico de la cuestión, sus principales virtudes y algunos inconvenientes para su generalización en la práctica clínica.
La Práctica (Clínica) Basada en la Evidencia se define como la integración de la mejor investigación disponible con la pericia clínica y las características, preferencias y cultura del paciente. Del mismo modo, la variable terapeuta empieza a mostrar su influencia decisiva en el resultado de los tratamientos psicológicos. En este trabajo se pone el énfasis en la figura del terapeuta en el contexto del programa de formación PIR (Psicólogo Interno Residente) de especialistas en Psicología Clínica de nuestro Sistema Nacional de Salud. Se revisan los constructos pericia, efectos del terapeuta y se presenta la Práctica Deliberada como un sistema de entrenamiento que puede ayudar a mejorar los resultados de los clínicos y sus tratamientos. Se realizan recomendaciones concretas para mejorar el modelo de supervisión durante la residencia PIR y se discuten algunas de las implicaciones y limitaciones del estado actual de la cuestión.


Y con esto finalizamos el 2018. Aprovecho la ocasión para desearos un muy feliz fin de año. Que el 2019 esté lleno de buenos momentos, solidaridad, afecto y respeto.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Para vosotros y vosotras, valientes

Durante estas fechas, en las que muchas personas disfrutan de un merecido período de vacaciones, llenas de momentos festivos y celebraciones en nuestra cultura, hay un pequeño pero significativo número de valientes que continúa haciendo un esfuerzo casi sobrehumano con el fin de alcanzar el objetivo por el que llevan tanto tiempo luchando. Ellas y ellos son lo que los galos a los romanos en los cómics de Astérix. No sé cuál es su poción mágica ni de donde la sacan, pero lo cierto es que hay algo que les permite mantenerse firmes y seguir adelante. Estoy hablando, por supuesto, de las miles de personas que preparan el examen de acceso al PIR de la actual convocatoria. A vosotros, valerosos estudiantes, va dedicada la entrada de hoy.


Muchos hemos estado ahí antes y sabemos que lo que estáis haciendo es duro, muy duro. Vuestro entorno no entenderá a veces que apenas os toméis un descanso, las largas horas en frente de los libros, las conversaciones frikis con vuestras compañeras acerca de si “en el Belloch dice que esto es así, pero en el Vallejo pone lo contrario” y similares. Y aunque muchas veces os sentís incomprendidos, no dejáis de perseguir vuestra ansiada plaza.

Hay momentos en los que aparece en vosotras la tentación de tirar la toalla y dedicaros a otra cosa. Sabéis que otras antes lo hicieron así y os parece comprensible (lo es). Sin embargo, cuando parece que ya todo está perdido, volvéis a levantar la cabeza, llenáis la mochila de libros y apuntes y os ponéis de nuevo rumbo a la biblioteca. ¡Qué valentía! ¡Qué osadía!

Tenéis mi respeto y simpatía (y la de muchos otros). Vosotros, que pudiendo escoger el camino fácil de pagaros otro tipo de formación privada que incluya los términos “psicología clínica” y presentaros como especialistas sin serlo, elegís lo más difícil. Vosotros, que pudiendo decidir presentaros como “psicólogo consultar” siguiendo los perversos consejos de aquellos a los que poco les importa la profesión y menos los pacientes/clientes, os resistís y continuáis subiendo la montaña por el lado más escarpado. Ese camino lleno de frustraciones y ansiedad, aterrador en ocasiones. Pero os aseguro que lo que vais a encontrar cuando lleguéis a vuestro hogar merecerá la pena.

Porque si, el PIR se convertirá en una especie de hogar para vosotras. Allí os van a nutrir, a cuidar, a enseñar. Cuando hayan pasado los cuatro años de residencia y miréis hacia abajo, al camino recorrido para haber llegado allí, os daréis cuenta de que ha merecido la pena. Habréis luchado por lo que era importante para vuestro desarrollo profesional (y seguramente personal), siendo coherentes y honestos con vosotros mismos y, sobre todo, con las personas a las atenderéis. Para muchas de ellas, jugareis un papel muy importante en una parte de su vida. Y estaréis contribuyendo al bienestar de la comunidad en general. Así que, ¡por favor, no dejéis de seguir caminando en esa dirección! ¡Los que ya llegamos estamos deseando recibiros con los brazos abiertos!

La recta final es complicada. Lo cierto es que ni siquiera es una recta, es un tramo lleno de curvas. Por eso es importante darse cuenta de que lo que estáis haciendo tiene un sentido. Hace unos días, en una conocida red social, una de esas valientes personas que prepara el PIR, en su búsqueda de motivación, proponía a las que ya habían hecho la residencia que contaran sus mejores recuerdos durante la misma. Con el permiso de quienes contestaron, y de forma anónima, aquí van algunos de esos comentarios. Espero que esto os ayude de alguna manera a todos los que en estas fechas seguís demostrando que sois como Astérix, Obélix y el resto de valerosos galos.

En mi caso sería una mezcla de los profesionales y personas que he conocido (entre ellos el que es mi pareja desde hace 4 años) y la cantidad de situaciones de aprendizaje que he tenido la oportunidad de vivir: la psicoterapia y las cosas que te enseñan los pacientes, las supervisiones, las formaciones, exponer sesiones clínicas, ir a congresos, llevar terapias grupales, la rotación externa (y todo lo que me cambió), participar en la elaboración de protocolos o iniciar atenciones grupales en algún servicio concreto que luego continúan como oferta asistencial, sentirme parte de un equipo multidisciplinar y aprender con/de otras profesiones... Son tantas cosas que no puedo elegir solo una”.

Lo primero que se me viene a la mente es los compañeros y compañeras que he encontrado “por el camino” y que afortunadamente conservo”.

El hambre de experiencias y compromiso profesionales (se atenúa con el tiempo), es un privilegio sentirse en la trinchera y protegido, te pasan las balas muy cerca y solo te pasan el fusil cuando estas preparado para la batalla. Reconocer maestros en algún tutor. Seguro las amistades que duran, las que hice luego y las que vendrán en ese contexto. Sentir orgullo con en el talento de mis compañeros. Activismo político. Fui papá en el hospital donde curraba. Es una profesión que puede llegar a ser muy especial, el que lo probó lo sabe.”

Te llevas muchas cosas. Muchas siguen durando. Aunque estuvo muy bien que en uno de los grandes hospitales de España, el último día de residencia, en un salón de actos repleto, donde se repartían los diplomas de especialidades, la Psicología Clínica le levantara el premio de investigación final de residencia a las otras especialidades médicas. Fue un buen subidón, la verdad”.

Ver unidos a residentes y adjuntos para defender la Psicología Clínica cuando hizo falta”. 
 
Las sensaciones al trabajar, mezcla de curiosidad y vértigo al enfrentarte a nuevos casos. El apoyo de la inmensa mayoría de los supervisores. Luego, ya más mayor, el activismo, el compromiso, la unión”.

Las personas que he conocido (no solo del ámbito clínico) y los cientos de pacientes-usuarios con los cuales he ido aprendiendo una profesión”.

Son cuatro años a intensidad experiencial máxima, en lo bueno y no tan bueno. Al principio cuesta situarse, pero si estás en el momento adecuado, maduro para vivirlo, es una experiencia insuperable”.

Lo mejor de la residencia... ¡¡poder seguir juntándonos a recordar!!

Recuerdo como uno de los días mas emocionantes de mi vida cuando se anunció el numero de orden de plaza PIR oficial y la jornada de adjudicación de plazas. En nuestra comunidad nos reunimos e hicimos un tour para conocer todos los hospitales. Los resis nos recibían con los brazos abiertos para ficharnos en su hospital”.

El conocer compañeros y aprender de ellos. Pero yo me quedo con momento para mi importantes como las cañas después del curro, donde nos uníamos los resis en ocasiones y hacíamos piña (yo hice la resi fuera de mi ciudad y esa unión con mi Co-R, R mayores y R pequeños fue un gran arrope emocional)”.

El aprender acompañada de adjuntos y compañeros y vernos crecer personal y profesionalmente. El ver como los miedos del principio se van transformando en mayor seguridad, las lecturas compartidas, las cañas de los miércoles, en las que puedes hablar horas sobre el trabajo y seguir pasándotelo bien. Las chancletas (festa de todos los resis de Galicia donde damos la bienvenida a los nuevos y despedimos a los que terminan la residencia). El recuerdo de algunos pacientes, que te tocan especialmente... La rotación por interconsulta, que te hace crecer... (a veces la rabia y el aprender a manejarla). El conseguir pequeños grandes logros tras años de esfuerzo, entre todos los resis (como fue la atención continuada en nuestra comunidad y en nuestra área en concreto), los mayores que nos han enseñado a luchar por los derechos de los pacientes en Salud Mental (y nos han transmitido la historia que hay detrás). La manifestación delante del ministerio (empanada incluida...). La entrada en Atención Primaria de los Pires... Las sesiones clínicas, el prepararlas con el resto de resis, la sesión de despedida y las distinta emociones que la acompañan... La música que nos sigue regalando nuestro tutor en cada evento… ¡Es una experiencia increíble a todos los niveles! Es difícil quedarse con un recuerdo, creo que son múltiples recuerdos, personales y profesionales que no es fácil aislar”.

Para mí fue una experiencia tan gratificante que tardé años en empezar a sentirme adjunta, seguí hablando de nosotros los pires mucho tiempo. Hoy ya no se me escapa, pero son muchos los momentos en que me siento PIR, ¡y me encanta! Por otro lado, ahora veo también el estímulo que son los residentes para los adjuntos, cada día te obligan a aprender, a seguir creciendo, a seguir viendo retos en todas partes... También lo que queda por hacer, lo que podríamos hacer y tantos miles de cosas”.

Me acordé de una supervisión con mi tutor de rotación el primer año como PIR. Después de que me diera su opinión sobre el caso y algunas indicaciones, añadió algo así como "...pero tú puedes hacerlo cómo quieras, que yo te apoyaré". Es uno de esos momentos en los que te sientes respaldado y considerado como profesional capaz y que te marcan en cierta manera”.

Las compañeras de residencia, la supervisiones informales que hacíamos entre todas. Y los pacientes de los que tanto he aprendido durante estos años”.



¡Mucho ánimo y felices fiestas a todas/os!

miércoles, 5 de diciembre de 2018

La práctica deliberada en psicoterapia


Las personas que acostumbran a leer este blog estarán al tanto de mi interés por el desarrollo profesional, el estudio de los factores comunes a las diferentes psicoterapias y la influencia de estos en los resultados. No en vano, mucho de lo aquí escrito está relacionado con esas cosas. Por lo tanto, no les extrañará que, junto con otros compañeros, psicólogos clínicos y apasionados de la materia, haya participado en la elaboración y redacción de un artículo que verá la luz en el próximo número de Papeles del Psicólogo y del que ya se puede leer su versión “en prensa” pinchando en aquí: Pericia, efectos del terapeuta y práctica deliberada: el ciclo de la excelencia.

En este trabajo presentamos, de forma muy sintetizada, información muy reciente e importante sobre cuestiones relacionadas con la efectividad de la terapia psicológica y la formación continua de los profesionales. Aunque con mucha humildad, creo que este artículo tiene mucho que aportar, al menos por tres motivos de peso: primero, presenta temas que apenas han sido desarrollados en español, a pesar de su gran importancia para el campo de la psicoterapia; segundo, la información aportada es muy reciente y, por lo tanto, novedosa, como muestran las abundantes referencias mencionadas en el texto: hemos hecho una revisión bastante exhaustiva de la materia (¡y he aprendido muchísimo!); por último, trata de aplicar todo el conocimiento analizado a la formación, aprendizaje y desarrollo profesional tanto de psicólogos clínicos como de PIRes.

Como aquí ya he hablado de la pericia clínica y los efectos del terapeuta (con especial interés en algunos de ellos como es el caso de la duda profesional o la alianza terapéutica), factores que se tratan en la primera mitad del artículo, la entrada de hoy se centrará en la parte de la práctica deliberada.

El psicólogo Anders Ericcson es probablemente la persona que más ha estudiado a los expertos: aquellas personas que destacan en diferentes disciplinas. Y lo lleva haciendo desde hace bastante tiempo. De hecho, el término práctica deliberada lo acuñó en un artículo de 1993. Y aunque la única obra suya que tenemos traducida al español puede darnos mala espina debido a su título (“Número Uno: secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos”), lo cierto es que ha escrito varios artículos y libros imprescindibles sobre pericia (“expertise”), incluido el Manual de Cambridge de Pericia y Ejecución Experta (si se me permite la traducción del título original en inglés).

Como decía, Ericcson se dedicó a estudiar a expertos en diferentes materias, tales como música, ajedrez o deportes, tratando de desentrañar qué es lo que les hacía ser mejores que sus compañeros o competidores. Y al contrario de lo que se suele pensar, no es la mera experiencia lo que nos hace mejorar nuestro desempeño profesional. Tampoco es una cuestión de talento innato. Lo que halló este psicólogo es que el factor clave para convertirse en experto es lo que llamó práctica deliberada. Ésta implica experiencia, mucha; es una condición necesaria, pero no suficiente. La clave estriba en dedicar tiempo a ensayar y perfeccionar habilidades fundamentales asociadas a un desempeño superior, siempre y cuando se haga de acuerdo a una serie de pautas. Por un lado, es necesario disponer de una persona que se encargue de revisar cómo hacemos las cosas, para que posteriormente pueda ayudarnos a mejorar. Para lograr esto último, nuestro “entrenador” se encargará de ponernos metas a alcanzar, de forma progresiva y dentro de nuestras capacidades, que nos obliguen a ir un más allá del nivel en el que nos encontramos. Estas metas desafiantes irán acompañadas de indicaciones concretas de cómo practicar para poder alcanzarlas. Así que lo que le queda al alumno es dedicar un gran tiempo a practicar repetidamente las mismas habilidades, de manera que las vaya haciendo cada vez mejor. Para asegurarse que esto es así, su entrenador revisará periódicamente la ejecución de su pupilo, proporcionando de nuevo feedback y continuando con este ciclo a lo largo de toda su carrera profesional.

Se trata de una rutina que no tiene fin: uno no alcanza un nivel de experto en el que se mantiene automáticamente, si no que necesita seguir practicando para continuar destacando en su oficio. Por lo tanto, ser bueno en lo que uno hace requiere tiempo y mucho esfuerzo.

En los últimos años la práctica deliberada ha comenzado a captar el interés de algunos profesionales de la psicoterapia. Aunque ya se mencionó en algún artículo de hace más de 10 años, no ha sido hasta fechas recientes cuando se ha comenzado a extender el uso del término y a estudiar su relevancia aplicada al ámbito de la psicología clínica. En artículo que hemos publicado esto se explica con más detalle e incluso incluimos algunas sugerencias que pueden dar pistas acerca de cómo aplicar los principios de la práctica deliberada al desarrollo profesional de cada uno de nosotros.

Uno de los autores que más ha escrito sobre esta materia es Tony Rousmaniere, que ha publicado un libro monográfico (y pronto verá la luz otro más), participado en la edición de otra obra importante y que está llevando a cabo algunos seminarios y talleres en diferentes puntos de la geografía. Hace poco inauguró una página web dedicada específicamente a la práctica deliberada en psicoterapia. En el siguiente vídeo se puede ver uno de sus seminarios al completo:


La lógica de la práctica deliberada tiene mucho sentido: practicar, recibir feedback, plantearse desafíos progresivos, dedicar tiempo a tu propia formación, mantenerte actualizado, monitorizar tus resultados… Nos suena familiar. Sin embargo, ¿en qué medida lo hacemos? No parece una tarea fácil y existen algunos obstáculos a la hora de llevarla a cabo, tal y como mencionamos también en nuestro trabajo.

Cuando leo sobre práctica deliberada, con frecuencia se me viene a la mente una gran película, Whiplash, en la que un joven músico se esfuerza hasta límites insospechados por mejorar su desempeño, tal y como se muestra en la siguiente escena:


En otra parte de la película podemos contemplar un momento muy duro en el que la persona a la que consideraríamos entrenador o mentor en la práctica deliberada da feedback a su pupilo y sugerencias para mejorar… aunque no de la forma más deseable:

¿Es la práctica deliberada la nueva promesa que contribuirá a desarrollar métodos de formación continuada más eficaces? ¿Se puede aplicar este tipo de enfoque a la psicoterapia, un campo con gran dosis de incertidumbre, ambigüedad y que siempre nos enfrenta a momentos únicos e irrepetibles, persona a persona y momento a momento? ¿Se convertirá a una nueva marca registrada que llevará a la venta de libros, cursos de formación y demás intereses económicos? El tiempo nos lo dirá. Lo cierto es que, se llamen como se llamen, los métodos de práctica de los especialistas están cobrando cada vez más importancia a la hora de mejorar los resultados de la psicoterapia, dejando atrás antiguos mitos como el de la necesidad de pasar por terapia personal para ser un buen clínico.

De momento podemos afirmar que está sirviendo para explorar nuevas vías que permitan que los clínicos mejoremos en nuestro trabajo, desviando la atención de protocolos y marcas de tratamiento, devolviéndonos un poco de humildad y animándonos a seguir esforzándonos por encontrar la mejor versión de nosotros mismos.

Espero que disfrutéis la lectura del artículo.

martes, 27 de noviembre de 2018

Marco del Poder, Amenaza y Significado

En los últimos años, la Sociedad Británica de Psicología (BPS, de las siglas en inglés), mediante su división de Psicología Clínica, ha elaborado y publicado una serie de documentos muy interesantes que suponen un cambio en la forma de entender la salud mental, tanto lo que consideramos psicopatología o trastornos mentales como las prácticas de ayuda (o terapias). Entre los documentos elaborados por este grupo de psicólogas y psicólogos clínicos británicos se encuentran trabajos dirigidos ayudar a comprender la experiencia de las personas que sufren problemas que acostumbramos a categorizar como psicosis, entender lo que denominamos trastorno bipolar, una guía para usar un lenguaje no estigmatizante, culpabilizador o patologizante en las comunicaciones profesionales, informes, formulación de casos o cuando nos dirigimos a aquellas personas que tan a menudo nos preguntan a los clínicos “¿qué es lo que me pasa?” o cuestiones similares, además de alguna guía de formulación psicológica de casos (en la línea del libro, disponible en español, escrito por Lucy Johnstone y Rudi Dallos y que estos días descansa en mi escritorio). Todos estos escritos están disponibles para su descarga en formato PDF de manera gratuita.

El documento que quiero comentar hoy es el titulado como Marco del Poder, Amenaza y Significado (Marco PAS, en adelante), del que existen dos versiones: una más elaborada y extensa, el trabajo principal, y otro más breve, en el que se reflejan los aspectos más importantes de esta magnífica propuesta que nos brinda la BPS. El documento del Marco PAS ha sido desarrollado principalmente por Lucy Johnstone y Mary Boyle y desde hace poco tiempo está disponible la traducción al español de la versión breve (que se puede descargar pinchando AQUí).

¿A qué hace referencia el Marco PAS? ¿Cuál es su objetivo? Según sus autoras, su objetivo es dar cuenta y ampliar los enfoques existentes, al ofrecer una perspectiva básicamente distinta sobre los orígenes, la experiencia y la expresión del sufrimiento emocional y del comportamiento perturbado o perturbador”. Es, en cierta manera, una forma diferente de entender los problemas de salud mental de las personas. Se puede considerar una vuelta a los orígenes de la formulación de dichos problemas desde un punto de vista psicosocial, algo que se ha ido perdiendo a medida que el modelo médico se ha ido asimilando por parte de la psicología clínica. Lo novedoso es que este paradigma va acompañado de datos y pruebas científicas que avalan lo explicado. Y, sobre todo, lo más importante es que nos transmite el mensaje de que las personas a las que se diagnostica de un “trastorno” determinado no “tienen” una enfermedad que parece que surja de la nada, como si fuera, por ejemplo, una diabetes. Ni siquiera presupone que lo que le pasa a las personas se pueda considerar patología, continuando con el símil médico, sino que “más bien describe los mecanismos de supervivencia y afrontamiento que pueden ser más o menos funcionales en la adaptación a conflictos y adversidades concretas, tanto del pasado como del presente (…) Integra los factores relacionales, sociales, culturales y materiales que dan forma a la aparición, la persistencia, la experiencia y la expresión de estos patrones (…) Atribuye un papel central al significado personal, que surge de los discursos sociales y culturales, los sistemas de creencias, las condiciones materiales y las posibilidades somáticas”.

El Marco PAS comprende cuatro aspectos relacionados entre si:
  • El ejercicio del PODER (biológico, corporalizado, coercitivo, legal, económico, material, ideológico, social, cultural, e interpersonal).

  • La AMENAZA que el ejercicio negativo del poder puede suponer para la persona, el grupo y la comunidad, con una referencia centrada en el sufrimiento emocional y las formas en las que éste es mediado por nuestra biología.

  • El papel central del SIGNIFICADO (producto de los discursos sociales y culturales, que activa las respuestas corporales evolutivas y adquiridas) en la configuración de la acción, la experiencia y la expresión del poder, la amenaza y nuestra respuesta a la amenaza.

  • Como reacción a todo lo anterior, se encuentran las RESPUESTAS A LA AMENAZA, aprendidas y evolutivas, que una persona, familia, grupo o comunidad, puede necesitar usar para garantizar su supervivencia emocional, física, relacional y social. Estas respuestas abarcan desde reacciones fisiológicas (en gran parte automatizadas), hasta respuestas basadas en el lenguaje y las elegidas deliberadamente”.

Así que, más que preguntar por síntomas, tratando de hacer un diagnóstico de lo que le “pasa” a la persona, desde el Marco PAS lo que interesa es saber qué le ha ocurrido a la persona (influencia del poder en su vida), cómo le ha afectado (amenazas), qué sentido le dio (qué significado tienen sus experiencias) y qué es lo que tuvo que hacer para sobrevivir (respuestas a la amenaza); además de ver también cuáles son sus puntos fuertes, en los que apoyarse para salir adelante. En definitiva, la pregunta clave no es “¿cuál es el diagnóstico?”, si no, “¿cuál es la historia de la persona?”.

Cuando se habla de respuestas ante las amenazas, a lo que se está haciendo referencia es a que aquello que tradicionalmente se considera sintomático, problemático, patología o trastorno en el fondo son formas de supervivencia que la persona utiliza en esas circunstancias en las que se ha visto envuelto. Son respuestas que cualquiera de nosotros, en determinadas circunstancias, podemos llegar a manifestar y que pueden darse en diferentes situaciones (no son específicas de ningún tipo de “trastorno” o “enfermedad”): es la forma que tenemos los seres humanos de afrontar las adversidades.

En el documento del Marco PAS se describen un Patrón Fundamental y siete Patrones Generales provisionales, que incluyen una serie de posibles respuestas a las amenazas, agrupadas en base a las funciones que cumplen cada una de ellas. Estas respuestas, en último término, aparecen porque las personas tenemos una necesidad básica de sentirnos a salvo, protegidos, además de queridos y de pertenecer a un grupo social, a una comunidad. Son nuestros intentos, más o menos conscientes, de sobrevivir a los impactos negativos que el poder puede tener sobre nosotros. No son síntomas, son “estrategias de supervivencia”.

Un enfoque como el descrito es muy importante porque señala la influencia de las circunstancias sociales, culturales, interpersonales, etc., en nuestro bienestar personal y salud mental. Por desgracia, en multitud de ocasiones se transmite a la sociedad la falsa idea de que una persona sana nunca se deprime, muestra ansiedad o cualquier otro tipo de “síntoma”, sean cuál sean las circunstancias. Parece como si deprimirse, asustarse o preocuparse en exceso o dormir mal sea señal de debilidad o de algún problema psicológico. Incluso esta idea la refuerza algún que otro psicólogo mediático que proclama que él sería feliz aunque estuviera solo, sin trabajo y sin techo. Y si no es así, es que algo marcha mal en tu cabeza (piensas de forma “irracional”). Documentos como el del Marco PAS traen a primera plano la importancia de la cultura y la desigualdad social como generadoras de malestar. Además, desestigmatiza, normaliza las respuestas a las amenazas, que son, en definitiva, evolutivas y aprendidas. “En vez de ser «diagnosticada» como persona que sufre pasivamente de déficits biológicos, sugerimos que las personas usuarias de los servicios (y todos nosotros) puedan ser reconocidas y validadas como quienes activan respuestas para protegerse y sobrevivir. Las experiencias definidas como «síntomas» se entienden mejor como reacciones a la amenaza o «estrategias de supervivencia»”.

Quizás la mejor manera de resumir lo que implica este enfoque es recurrir al resumen narrativo del Patrón Fundamental:

Las desigualdades económicas y sociales, junto a los significados ideológicos que respaldan la actividad negativa del poder provocan el aumento de los niveles de inseguridad, falta de vinculación, miedo, desconfianza, violencia y conflicto, prejuicio, discriminación y adversidades sociales y relacionales en todas las sociedades. Esto tiene consecuencias en todas las personas y, en particular, en aquellas con identidades marginales. Limita la capacidad de las personas cuidadoras para proporcionar en la infancia relaciones tempranas seguras, lo cual no solo hace sufrir por ello al niño o a la niña que se está desarrollando, sino que también puede comprometer su capacidad para gestionar el impacto de las adversidades futuras. Las adversidades se relacionan, de forma que su presencia en la vida previa y/o en el presente de una persona, aumentan la probabilidad de sufrir otras más adelante. Los elementos como el daño intencionado,la traición, la impotencia, el encontrarse atrapado y la imprevisibilidad aumentan el impacto de estas adversidades y este impacto no solo es acumulativo sino también sinérgico. Con el paso del tiempo, la existencia de adversidades complejas que interactúan tiene como efecto un incremento de la probabilidad de experimentar sufrimiento emocional y activar conductas problemáticas o perturbadoras. La forma deestas expresiones de sufrimiento queda determinada por los recursos disponibles, los discursos sociales, las posibilidades corporales y el entorno cultural, y su función principal es promover la seguridad y la supervivencia emocional, física y social. A medida que las adversidades se acumulan, el número y la severidad de estas respuestas aumentan en paralelo a otras consecuencias indeseadas en el ámbito social, de la salud y del comportamiento. En ausencia de factores o medidas de mejora, se instaura un ciclo que prosigue a lo largo de las generaciones posteriores.

Muchas de estas ideas no son nuevas y resultarán conocidas a profesionales formados en modelos teóricos alejados del paradigma médico. Sin embargo, es importante que una sociedad nacional elabore y difunda documentos como estos y que, además, lo haga con fundamentos empíricos. Un intento más, que se suma a los realizados por muchos otros, de volver a poner a la persona y la sociedad en primer lugar y disolver el inmerecido protagonismo que se la ha dado a los neurotransmisores y demás procesos bioquímicos.

Este es el camino a seguir: dejar de culpar al cerebro del sufrimiento y empezar a señalar a otros agentes responsables de los problemas (y de las soluciones) psicosociales del ser humano del siglo XXI.


sábado, 3 de noviembre de 2018

20º Aniversario de la Especialidad en Psicología Clínica



El próximo 20 de Noviembre la Psicología Clínica estará de celebración: se cumplen 20 años de la publicación del REAL DECRETO 2490/1998, de 20 de noviembre, por el que se crea y regula el título oficial de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. ¡20 años ya!

A pesar de la aparente juventud de la especialidad, es cierto que la disciplina existe desde mucho tiempo antes, solo que hasta ese momento no lo hacía de forma regulada. La creación de un título oficial ha sido un hito importante, no solo para la psicología clínica en particular, si no también para la psicología en general, ya que ha supuesto dotar a una parte de esta de mayores competencias de las que tenía anteriormente.

25 años se cumplen también de la primera convocatoria PIR a nivel nacional y en el 2019 habrán pasado ya 35 años desde que en Asturias se llevara a cabo la primera experiencia con este tipo de formación.

Un relato fundamental para entender la importancia de estos y otros hechos con respecto a la psicología clínica en España nos lo proporcionan Begoña Olabarría y Miguel Anxo García en este imprescindible artículo.

Con motivo del 20º aniversario de la especialidad, ANPIR organiza un emocionante evento que se celebrará en Valencia el 23 de Noviembre y que contará con la presencia de profesionales que han participado, de alguna u otra manera, en el desarrollo de la psicología clínica nacional. Además, la jornada se completará con un taller de cuatro horas a cargo de Héctor Fernández Álvarez, en el que abordará cuestiones importantes en el campo de la psicoterapia.

Con total seguridad se trata de una cita a la que merecerá la pena acudir, ¡y además la inscripción es gratuita! Yo, desafortunadamente, me lo voy a perder porque coincide con el curso que doy en Oviedo ese mismo fin de semana (más información pinchando aquí), pero espero que los que tengais el honor de asistir lo disfruteis todo lo posible.

jueves, 25 de octubre de 2018

¿Cómo mejorar los resultados en psicoterapia? Nuevo curso en Oviedo


Los días 23 y 24 de Noviembre vamos a tener un encuentro muy especial en Oviedo, en el Centro de Psicología Clínica Crecer. En esas fechas impartiré un curso de 12 horas dirigido a aquellas personas que dediquen al menos parte de su actividad profesional al complejo campo de la psicoterapia (o que se estén formando para ello) y que estén interesadas en mejorar su desempeño y sus resultados.

Desde luego, semejante objetivo no es objetivo fácil de alcanzar y sería deshonesto decir que con un curso de 12 horas uno va a convertirse en mejor clínico. No existen atajos ni soluciones mágicas para conseguirlo. Tampoco hay un método general que sirva para todos y cada uno de nosotros. Así que no, esta formación no promete resultados increíbles en poco tiempo. Nada de hype. Sin embargo, si que puede suponer el comienzo del camino que lleve a un desarrollo profesional satisfactorio.

Lo que vamos a ver es cuáles son los factores que contribuyen a conseguir que un mayor porcentaje de las personas que solicitan nuestros servicios acaben progresando en la consecución de sus metas y la resolución de los problemas humanos en los que se ven inmersos. Se trata de principios terapéuticos basados en la evidencia, es decir, que han mostrado de alguna manera su contribución al buen desenlace de la psicoterapia. Son aspectos transteóricos, no adscritos a ninguna orientación teórica determinada y que, por lo tanto, pueden ser integrados en la práctica clínica de profesionales que trabajen desde diferentes enfoques (¡incluidos los psicólogos clínicos marca ACME!).

He procurado que los contenidos sean lo más actualizados posibles y, en ese sentido, expondré datos importantes publicados este mismo año (¡algunos de fechas tan recientes como el mes de Octubre!) y que todavía no han recibido la atención y difusión que merecen en lengua española.

Me enorgullece mucho poder decir que el curso ha sido acreditado por la Comisión de Formación Continuada del Principado de Asturias, recibiendo 2,42 créditos para profesionales sanitarios, lo cual significa que reúne estándares de calidad suficientes como para que sea valorable posteriormente en el currículum de aquellas personas que asistan.

Así que si eres especialista en psicología clínica, PIR, estudiante, etc., y quieres compartir parte de tu tiempo con otras personas con inquietudes simulares a las tuyas y la motivación de desarrollarte profesionalmente, ¡espero que te animes y te apuntes a esta experiencia!

Puedes encontrar más información pinchando AQUÍ.

domingo, 21 de octubre de 2018

Actualización en factores comunes: una nueva terapia para cada persona

Desde el otro lado del Atlántico nos llegan novedades muy interesantes en cuanto al estudio de las variables de proceso en psicoterapia. Hoy toca actualizar lo dicho en este blog en otras ocasiones acerca de factores comunes.

Pero antes de ello, una pequeña novedad con respecto al blog. A petición de un lector, he añadido una opción para subscribirse, de manera que cada vez que publique una entrada se pueda recibir una notificación por e-mail. Si a alguien más le interesa, la opción aparece en la parte superior derecha de esta página.

El año que viene va a publicarse en Estados Unidos la tercera edición de la imprescindible obra editada por John Norcross y dedica a las relaciones terapéuticas basadas en la evidencia. Y parece que se avecinan cambios. El libro va a constar de dos volúmenes (hasta ahora solo se editaba un volumen único; además, ahora la edición se realizan conjuntamente con Michael Lambert), uno dedicado a las contribuciones del terapeuta (las características que diferencian a los mejores profesionales del resto y de las que ya hablé también hace tiempo por aquí) y otra que ya no se refiere tanto a “relaciones”, si no a responsiveness. No logro encontrar una palabra en español que capte el significado tiene este término, pero podríamos decir que tiene que ver con realizar intervenciones, actos terapéuticos, que respondan (se adapten) a determinadas características de la persona, en un determinando momento y en condiciones específicas. Es decir, saber qué hacer, cómo, cuándo y para qué con una persona determinada de manera que aumentemos lo máximo posible la efectividad de la terapia. En inglés, se ha usado como sinónimo “treatment adaptation”. Otros términos afines, más recomendables a la hora discutirlo con los pacientes/clientes/consultantes son individualizar o personalizar el tratamiento.

Sea cual sea el nombre que le demos, el objetivo es potenciar la efectividad del tratamiento ajustándolo a la medida de cada persona y su situación particular (…) sintonizando la psicoterapia con las particularidades de cada individuo de acuerdo a las generalidades de los hallazgos de la investigación”.

Al igual que en ediciones anteriores, de cada capítulo del libro se realiza un artículo que es publicado en las revistas más importantes a nivel internacional sobre psicología clínica y psicoterapia. Ya tenemos disponibles unos cuantos de ellos, tanto en Psychotherapy como en Journal of Clinical Psychology. Por ejemplo, en la primera de estas revistas podemos leer nuevos estudios que siguen confirmando la importancia crucial que tiene la alianza terapéutica tanto en psicoterapia individual como en el tratamiento de parejas y en terapia familiar.

En un artículo sublime, Norcross y Bruce Wampold realizan una introducción al número especial del Journal of Psychology en el que explican el proceso de desarrollo de los estudios incluidos en la revista (en su mayoría rigurosos meta-análisis) y las principales conclusiones. De verdad, si eres psicóloga/o, te animo a leerlo porque merece mucho la pena.

Un grupo de trabajo formado por expertos en la materia se ha dedicado a tratar de “identificar elementos eficaces de la relación terapéutica y a determinar métodos eficaces de adaptar o diseñar a medida la terapia al paciente individual en base a sus características transdiagnósticas”. Frente al interés en diseñar tratamientos que se seleccionen exclusivamente en función de un diagnóstico, aquí se propone tener en cuenta otras características de la persona más relevantes a la hora de abordar sus problemas. Lo cierto en es que un mismo protocolo de tratamiento no sirve para todo el mundo (por muy eficaz que haya demostrado ser) y que, tal y como demuestran resultados de este trabajo, es más beneficioso considerar otras características a la hora de realizar una terapia psicológica. La meta es descubrir qué es lo que funciona para cada persona.

En la siguiente tabla, traducida y adaptada por mi basándome en el artículo original, se mencionan las características transdiagnósticas estudiadas, métodos para adaptar las intervenciones y el nivel de eficacia demostrado hasta la fecha. Esta tabla actualiza aquella otra que publicamos a principios de este año.


Los autores incluyen recomendaciones generales y otras dirigidas a ámbitos específicos (práctica clínica, formación, investigación), además de una serie de conclusiones que vienen a reforzar lo señalado anteriormente y que tienen que ver con el título del artículo: “una terapia nueva para cada paciente”.

“Adaptar la terapia a la persona en toda su extensión mejora el éxito y disminuye el número de abandonos; la potencia al adaptar el tratamiento supera a la asociado al paradigma Método de Tratamiento A para el Trastorno Z; esto no representa un saber o creencia popular, si no un hecho establecido (…) La pregunta que se hacen los profesionales que ejercen ya no es ‘¿cuál es mi orientación teórica?’, si no ‘¿qué relación, adaptación y enfoque mostrará ser más efectivo con este cliente en particular?’”.

En mi anterior entrada del blog hablé precisamente (y por pura casualidad) de un artículo equivalente a este mismo que hoy estoy comentado, publicado hace 7 años por los mismos autores en referencia a la segunda edición del libro editado por Norcross. Este año vuelven a referirse a actitudes de los profesionales que pueden ser perjudiciales para la terapia. Además de los ya comentados hace unas semanas, han añadido la arrogancia cultural y la flexibilidad sin fidelidad. El segundo factor tiene que ver con el difícil equilibrio que los clínicos debemos encontrar entre adaptarnos a las necesidades y preferencias de cada persona y, al mismo tiempo, ser fiel a lo que ha demostrado funcionar. 
 

En definitiva, la idea clave queda elegantemente resumida en una frase localizada hacia el final del artículo: la relación terapéutica (además del método de tratamiento) es crucial para los resultados, puede mejorarse mediante determinadas acciones llevadas a cabo por la terapeuta y puede diseñarse como un traje a medida para cada persona de forma eficaz.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Seis maneras (basadas en la evidencia) de fracasar como psicólogo

 
Hace unas semanas me encontré, en una conocida red social para profesionales, con un comentario de una psicóloga que había sido “recomendado” (el equivalente a darle a “me gusta” en Facebook o al corazoncito en Twitter) por uno de mis contactos y que decía lo siguiente:

“Los psicólog@s no somos mag@s. Si acudes a terapia y NO cumples con las pautas establecidas, NO esperes que se cumplan tus objetivos”.

Cuando lees esta frase, ¿no te produce incomodidad? ¿No percibes hostilidad? Porque yo si. Imagínate ir a terapia y que la psicóloga te diga algo así. ¿Crees que tendría un efecto terapéutico? ¿Te haría cambiar algo?

No sé si esta persona en concreto dirá cosas similares en su consulta (¡espero que no!), pero más allá de las palabras usadas lo importante aquí son las actitudes implícitas en ellas. Primero, la aparente ira ante la falta de cumplimiento de las pautas indicadas por la profesional. Segundo, la responsabilidad depositada en las pautas “establecidas” como la llave del éxito en psicoterapia. Tercero, la falta de empatía y de interés por conocer qué puede haber pasado para que la persona no haya hecho lo que se le indicó. Da la sensación de que se está riñendo a alguien y haciéndolo único responsable del fracaso de la terapia. Es decir, falta un poco de auto-crítica.

Aunque lo que realmente me ha dejado preocupado es el hecho de que ese sencillo comentario tuviera 31 recomendaciones en el momento en el que lo vi. ¡Después nos quejamos de “lo mal que se trata a los psicólogos”! Si tratamos mal a la gente, ¿cómo van a querer volver a la siguiente sesión? Si alguien no sigue “pautas establecidas” lo más probable no es que la persona no quiera cambiar o espere que el psicólogo haga magia, si no que no estamos adaptando la intervención a sus necesidades, características, estado motivacional, etc.

Que conste que ninguno estamos libre de cometer errores. Actitudes similares o peores las he podido ver más veces de las que me gustaría en otros profesionales a lo largo de mi formación y práctica profesional. ¡Seguro que yo también he metido la pata más de una vez!

Quizás haya quien piense que estas cosas no tienen importancia y que el tratamiento y las técnicas son las que son y no van a funcionar peor según la actitud que tengamos. Afortunadamente, la evidencia demuestra que no es así. John Norcross y Bruce Wampold han revisado la investigación disponible sobre ciertas actitudes de los psicoterapeutas que, de producirse, no solo no son útiles para que la terapia funcione, si no que incluso se relacionan con resultados negativos (pueden hacer que la cosa empeore). 

He aquí seis principios que aumentan drásticamente las posibilidades de fracasar como psicólogo:

1.- Confrontaciones

Si, si, dices que la terapia no funciona, pero no has hecho nada de lo que te dije”. 
 
Puede quedar muy bonito escribir en una historia clínica algo como “lo confronto con la realidad”, pero lo cierto es que las pruebas dicen que esto no sirve de nada. La confrontación era una de las técnicas principales del tratamiento grupal clásico del alcoholismo. Ya hace décadas que Miller y Rollnick mostraron lo ineficaz de este tipo de intervención y la idoneidad de utilizar otro tipo de enfoques como el aportado por la Entrevista Motivacional
 
Si no queda más remedio que confrontar, no está de más aprender a hacerlo de forma empática y respetuosa, para lo cual el libro “La Comunicación Terapéutica” de Paul Wachtel puede resultar una estupenda guía.

2.- Procesos negativos

¡Pues claro que estás mal! ¡No haces más que quejarte!”. 

¿No te das cuenta que te preocupas por tonterías? ¡Deja de pensar así!”.

En este apartado se incluyen comentarios y conductas hostiles, críticas, peyorativas, rechazantes o culpabilizadoras. 
 
No siempre se trata de comentarios claramente negativos. Se puede culpabilizar a la gente de formas muy sutiles (y creativas): “es un paciente difícil”, “tiene un trastorno de muy mal pronóstico”, “tiene muchas resistencias”. Habría que plantearse si no estamos nosotros poniéndoselo “difícil” o forzando sus "resistencias".

3.- Suposiciones

La alianza terapéutica con mi paciente es sólida. No, no he utilizado ninguna escala ni le he preguntado, pero está claro que es así”.

Aunque no haya malas intenciones detrás, es un hecho que somos muy poco precisos valorando la calidad del vínculo terapéutico y otros procesos que suceden durante el tratamiento. Como ya expliqué en otra entrada, tenemos un sesgo profesional que nos hace pensar que las cosas van mucho mejor de lo que la realidad muestra. Por eso es más aconsejable preguntar o utilizar alguna escala que nos permita cuidar la relación terapéutica.

4.- Terapeuta-centrismo

No, todavía no estás bien, no te voy a dar el alta”.

Aquí es aplicable lo dicho en el punto anterior. La percepción del consultante acerca del desarrollo de la psicoterapia está más relacionada con los resultados que la percepción del terapeuta. De ahí la importancia de privilegiar su voz durante el tratamiento. Y en caso de desacuerdo importante, es mejor adoptar una actitud colaboradora y expresar nuestras preocupaciones sobre su salud de forma empática y humilde.

5.- Rigidez

Nos viene un paciente a la consulta, con un trastorno obsesivo-compulsivo, por ejemplo. Nosotros le explicamos cuáles son las técnicas para su problema y si nos dice que no quiere hacer nada de eso, le decimos que se marche, ¡que tenemos mucha gente esperando para entrar en la consulta”.

Lo más escalofriante del comentario anterior es que es verídico: lo escuché a un profesional que daba un seminario sobre tratamientos psicológicos. Especímenes de este tipo se van extinguiendo poco a poco, por fortuna. Estructurar excesivamente una terapia o ceñirse de forma dogmática a un método concreto puede ser el camino más rápido hacia un mal final, especialmente si las características de la persona que tienes delante y sus circunstancias son incompatibles con el enfoque.

6.- Lecho de Procusto

La leyenda de Procusto cuenta la historia de un posadero que hacía lo necesario para que los huéspedes encajaran en la cama que tenía para ellos: si sobresalía algún miembro, se lo cortaba; si era demasiado corto, lo estiraba. Muchos clínicos llevan años indicando que utilizar un único método y estilo terapéutico para todo el mundo no es válido. Es necesario adaptarse a las particularidades de cada caso, buscando la manera de encajar la terapia de forma harmoniosa. En todo caso, quizás los que tengamos que cortar o alargar las partes de nuestro cuerpo (teórico y metodológico) somos nosotros.


Si eres consultante y observas este tipo de actitudes en tu psicóloga te recomiendo que lo hables abiertamente con ella. En el mejor de los casos, si tiene la pericia suficiente, podreis llevar a cabo un proceso de “reparación de rupturas en la alianza”, un cambio en la terapia que está asociado a mejores resultados. Y si no hay manera de cambiar la situación, será mejor que valores la posibilidad de buscar otro profesional.