domingo, 15 de mayo de 2016

La (nueva) Entrevista Motivacional

La Entrevista Motivacional (EM, en adelante) es un tipo de abordaje psicológico que surgió, inicialmente, como una forma novedosa y eficaz de tratar con el problema del alcohol y otras adicciones. La primera descripción del procedimiento se publicó en 1983, en un artículo de William Miller, uno de los principales autores de la EM junto con Stephen Rollnick. Casi una década después, en 1991, llegó la primera edición del libro, donde se describe pormenorizadamente su manera de trabajar. Aunque inicialmente la EM se centró en tratar conductas adictivas, en 2002 presentaron una segunda edición en la que se abordaban también otro tipo de problemas que no tenían que ver con las adicciones. Ahora acaba de llegar a España la tercera edición, en la que dan una nueva vuelta de tuerca a su modelo.

¿En qué consiste la EM?

No debemos tomarnos el nombre de este enfoque de forma literal: la EM no consiste en motivar o dar ánimos a una persona para que cambie. Más bien se trata de algo muy diferente. Se trata de ayudar a sacar a la superficie las propias motivaciones de los clientes, sus razones personales para llevar a cabo o no una determinada conducta o cambio. Por ejemplo, si estamos conversando con una persona que quiere dejar de beber pero no lo tiene del todo claro, nuestro papel no es darle nuestros motivos para que lo haga, si no explorar, escuchar reflexivamente y propiciar que ella hable de sus propias motivaciones para llevar a cabo tal cambio en su vida. La motivación ya está ahí, en algún lugar de nuestro interlocutor; nuestro papel consiste en organizar la conversación de tal manera que aquel se acabe convenciendo a sí mismo de que va a cambiar. Y ese cambio irá siempre en función de los valores personales de cada uno. Como bien señalan Miller y Rollnick: “La EM no puede usarse para crear motivación que no está ahí desde el principio”.

Es un enfoque particularmente pensando para uno de los obstáculos más habituales con los que una se encuentra cuando quiere cambiar algo: la ambivalencia. Esta puede tener multitud de matices: la conducta que se quiere abandonar, por ejemplo, suele tener ventajas y desventajas y, además, aunque una persona quiera cambiar, puede no sentirse capaz de hacerlo o tener poca esperanza en que eso sea posible.

Podemos decir que la EM es un abordaje integrador, en el sentido de que es compatible con tratamientos psicológicos procedentes de diferentes modelos teóricos. De hecho, aunque en muchas ocasiones puede ser suficiente para conseguir los objetivos terapéuticos propuestos, se define como un tratamiento que favorece la aplicación posterior de otras técnicas psicoterapéuticas. Ayuda a superar la ambivalencia y a comprometerse con un plan de tratamiento, que entonces podría ser cualquiera que se haya mostrado eficaz.

El espíritu de la EM descansa sobre cuatro pilares fundamentales: colaborar con el cliente, aceptarlo de forma incondicional, ser compasivos y activar lo que la persona necesita y que ya tiene en su interior, sus propios recursos. La influencia de la psicoterapia centrada en la persona de Carl Rogers es clara y explícita. Las necesidades de los clientes son la prioridad, respetando y fomentando en todo momento la autonomía y capacidad de decisión. No se trata de que sea el psicólogo el que proporcione las ideas acerca de lo que se debe hacer, sino que se confía en que el paciente aporte sus propias ideas y saque provecho de sus puntos fuertes.



Los cuatro procesos fundamentales

En la última edición del libro de Miller y Rollnick sustituyen conceptos e ideas clásicas de su modelo por una nueva manera de entender la EM. Actualmente, proponen trabajar siguiendo cuatro procesos secuenciales que se pueden ver como escalones que hay que ir subiendo para poder alcanzar los objetivos, volviendo a escalones previos cuando sea necesario. Las conductas adictivas ya no son el único foco de atención, si no que se propone la utilidad del modelo para cualquier tipo de problema psicológico.

Vincular

El primer paso, común a prácticamente cualquier procedimiento terapéutico (y no solo en el caso de los psicológicos), es el de establecer una relación colaborativa con la clienta. Recordemos que la relación terapéutica es un factor claramente relacionadocon los resultados del tratamiento. Sin una buena alianza de trabajo es casi imposible avanzar en el proceso de proporcionar ayuda a otra persona. En este punto son fundamentales habilidades como la empatía, la aceptación del cliente, el interés por comprender su punto de vista, etc.

Enfocar

El segundo paso consiste en centrar la conversación sobre aquello que preocupa a la persona que tenemos delante y que se convierte en el centro de la terapia. Consiste, por lo tanto, en aclarar los objetivos, la dirección en la que quiere ir la persona. Se la atribuye a Séneca una frase que me parece aplicable a este proceso: “no hay viento favorable para el marinero que no sabe a dónde va”. Aquí es importante que haya un acuerdo acerca de qué es lo importante tratar, ya que paciente y psicóloga pueden tener opiniones diferentes respecto a este punto.

Evocar

Este es quizás el proceso más específico de la EM: buscar y reforzar el discurso de cambio del cliente, ayudarle, mediante preguntas y reflejos, a que verbalice aquellos motivos propios que tiene para hacer los cambios que se ha propuesto. No se trata de forzarlo, si no de propiciar la aparición de esos motivos mediante preguntas y reflejos que lleven a la persona a comprometerse con la decisión de cambiar. En este punto también es fundamental que la persona se sienta capaz de conseguirlo y tenga esperanza en que se puede lograr. Al igual que los motivos para el cambio, la confianza y la esperanza no las aporta el psicólogo, si no que parten del propio cliente.

Planificar

El último paso es el de preparar un plan de acción. Idealmente, es la persona interesada en hacer cambios quien aporta sus propias ideas acerca de cómo hacerlo. En muchos casos, cuando se llega a este proceso, los clientes siguen por si mismos el camino que les lleva a la consecución de sus objetivos. En otras ocasiones, la terapeuta puede proponer algunas alternativas técnicas (tratamientos psicológicos disponibles, por ejemplo) y dejar la decisión de con cuál probar a la otra persona. Lo importante no es tanto la técnica empleada como el compromiso con el plan y la promoción de la persistencia en la ejecución del mismo.

Evidencia y conclusiones

A lo largo de las tres últimas décadas se han realizado una amplia cantidad de estudios sobre la EM, hallándose buenos resultados en general que avalan su eficacia, aunque existen unos pocos resultados en contra. La investigación ha mostrado que hay una serie de factores que afectan a los resultados. Por ejemplo: algunos terapeutas obtienen, de manera consistente, mejores datos de eficacia; factores comunes como la calidad de la relación terapéutica influyen en el desarrollo de la terapia; cuando se sigue un manual estructurado se obtienen peores resultados; en clientes que ya están preparados para cambiar, la aplicación de este enfoque no es eficaz e incluso, en algunos casos, resulta contraproducente.

Aunque la mayoría de estudios se han centrado en las conductas adictivas, podemos concluir que la EM es un abordaje psicológico basado en la evidencia que se puede aplicar en diferentes áreas, complementario a otros tratamientos y que requiere pocas sesiones para reportar beneficios (entre 1 y 4).

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Verónica. Un saludo.

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  2. He llevado esta técnica con mis clientes en el ámbito comercial, no sabia que existia como proceso en la terapia. saludos

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    1. Si, surgió inicialmente como técnica para tratar conductas adictivas y se acabó aplicando a ámbitos muy diferentes, como por ejemplo el comercial o empresarial. Saludos.

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  3. Respuestas
    1. Me alegra que te guste, gracias. Un saludo.

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