martes, 26 de febrero de 2019

Auto-cuidado del profesional


Como seres humanos que somos (por lo menos algunos…), los psicólogos clínicos también nos estresamos, cansamos y sufrimos. En no pocas ocasiones ese malestar viene generado, en parte o totalmente, por nuestro trabajo. No nos engañemos, aunque a la mayoría nos apasione esta profesión y nos proporcione muchas satisfacciones (esos momentos impagables en los que ves a la gente recuperarse, cambiar, obtener sus objetivos, superar sus dificultades, etc.), también nos da quebraderos de cabeza. No importa lo duro que tengamos el cráneo, también se puede lesionar seriamente o llegar incluso a la ruptura.

Es sabido que las profesiones de ayuda, en la que se está en contacto con personas que sufren de una u otra manera, acarrean consigo el riesgo de quemarse, del famoso burnout (o desgaste profesional, caracterizado por cansancio emocional, apatía o indiferencia hacia los demás y sentimientos de ineficacia o baja realización personal) o la fatiga por compasión. No es de extrañar, en el caso de los clínicos estamos continuamente en contacto con el sufrimiento humano, escuchando historias llenas de dolor, traumas, violencia, desesperanza… Y aunque con la experiencia y una formación adecuada terminas desarrollando la capacidad para lidiar con todo ello, siempre hay situaciones que te tocan, te afectan y hacen que te las lleves contigo a casa, quieras o no. Porque una característica bastante importante para ser un especialista eficaz es tener un interés sincero a lo que le pasa a las personas a las que prestas tus servicios. Encontrar un equilibrio entre ese preocuparte por el otro, pero sin sobre-implicarte, se hace a veces difícil; pero es necesario.

Algunos factores causan con mayor probabilidad síntomas de cansancio emocional o estrés. Por ejemplo, una agenda sobrecargada, poco tiempo para dedicar a la personas (en comparación con el que podrían necesitar), escasez de recursos (¡a ver si las administraciones y gerencias toman nota de esto último!) o estar atendiendo a personas con elevado riesgo de suicidio. Los estudios muestran que esto último es uno de los factores que más queman a los psicólogos: se siente una gran impotencia cuando las posibilidades de que una persona termine con su vida son altas. Y más cuando llega a hacerlo. Por suerte, yo todavía no he tenido que lidiar con esto último, aunque es algo prácticamente inevitable. Desafortunadamente, en este trabajo, la probabilidad de trabajar con alguien que termine suicidándose es tan grande, que cabe esperar que a todos nos pase en algún momento. Y no lo podemos evitar.

No podemos evitar el sufrimiento, el malestar, las situaciones traumáticas y muchas otras circunstancias y emociones difíciles. Por ese motivo es tan importante que aprendamos a cuidarnos. Somos el instrumento mediante el que se vehiculizan nuestros conocimientos y competencias técnicas; y si un instrumento de este tipo no está bien calibrado o en condiciones, existe el riesgo de influir negativamente en el desarrollo de la terapia, perjudicando a las personas a las que queremos ayudar. Cuanto más quemado estás, peor es tu desempeño profesional.

Quizás el primer paso para afrontar todo esto es normalizar el hecho de sentirnos quemados. Una revisión del año pasado indicó que la mitad de los psicoterapeutas encuestados afirmaban sufrir burnout en niveles entre moderados y altos. Tanto factores personales como profesionales influyen en nuestro nivel de bienestar. Por ejemplo, según el citado estudio de Simionato y Simpson, un riesgo mayor de burnout está asociado a la edad (cuanto más joven, mayor el riesgo), a la experiencia (mayor riesgo cuando la experiencia es menor) y a sobre-implicarse en los problemas de los pacientes. Otros aspectos problemáticos son algunas características de personalidad como elevado neuroticismo, rigidez y perfeccionismo excesivos, egocentrismo o competitividad, entre otras. Sin embargo, estas características simplemente aumentan la probabilidad de sentirse emocionalmente agotado, pero todos somos vulnerables al estrés ocupacional.

Además del descenso en nuestro rendimiento, otras posibles consecuencias de sentirnos quemados pueden ser las siguientes: depresión, aislamiento social y laboral, insatisfacción con el trabajo, suicidio, adicciones, violaciones del código ético, cinismo, desilusión… La lista es larga. Se han detectado algunas señales que alertan de que uno se encuentra en un estado de este tipo, como pueden ser ansiedad, dificultades de concentración, reducción del contacto con compañeros, cometer errores clínicos con mayor frecuencia o incluso pensamientos suicidas. Por lo tanto, la presencia de estos y otros síntomas deben servirnos como indicativos de que algo no marcha bien en nosotros. Es el momento de sentarse a reflexionar sobre ello y busca la mejor manera de solucionarlo.

La clave para afrontar todo lo anterior es el auto-cuidado del profesional. Aquí también es aplicable aquello de “más vale prevenir que curar”. Sabiendo que la mitad de los clínicos se ven afectados por estas cuestiones, es sensato tener una especie de plan que nos permita hacer frente a las dificultades inherentes a la profesión. Esto es especialmente importante en el caso de especialistas más jóvenes y con menor experiencia, habida cuenta de lo que muestran los datos. Aquí van algunas recomendaciones generales que nos pueden ayudar a sobrevivir en el día a día de esta apasionante y desafiante ocupación.
  • Supervisión: ya sea con una persona más experta o con compañeros, estar en contacto con otros psicólogos y buscar consejo, orientación y apoyo es una buena manera de lidiar con el estrés.

  • Organiza tu agenda para poder dedicar tiempo no solo al trabajo, si no también al descanso y al ocio. Si hace falta, “oblígate” a tener horas en las que no te permitas trabajar. Recuerdo que en cierto momento de la residencia tuve que ponerme a mi mismo un límite horario diario, de manera que dejase de leer, estudiar, etc., a partir de una hora fija. Sin duda aquello funcionó muy bien. Tómate unas vacaciones de vez en cuando. 
     
  • Práctica reflexiva: con la ayuda de un supervisor, reflexionar sobre sesiones que te han afectado especialmente y plantearte ciertas preguntas puede ser un valioso recurso del que merece la pena sacar provecho.

  • Piensa en aquellas cosas que te hacen sentir bien y prográmalas si hace falta en tu calendario. No todas las estrategias funcionan con todo el mundo (al igual que no todas las técnicas en terapia son eficaces con todas las personas), por lo que es importante que descubras qué es en concreto lo que a ti más te sirve. Desarrolla tus propias estrategias de auto-cuidado.

  • Aprende a decir que no: aquellos que nos esforzamos por dar nuestra mejor versión somos un poco cafres (a veces) y nos apuntamos a todo lo que surja: trabajo, formación, investigación, artículos, asociacionismo… Asumámoslo: no podemos con todo, no somos máquinas ni superhéroes. Está bien decir que no y aceptar nuestros límites. Y respetarlos ya ni te cuento.

  • Cuídate física y psicológicamente: los hábitos de vida saludables nunca están de más. Ejercicio, ciclos de sueño-vigilia regulares, buena alimentación, cuidado de las relaciones cercanas… 
     
  • Terapia personal: si las cosas se tuercen tanto como para que no logres encontrar la manera de remontar por ti mismo, puedes plantearte consultar con un profesional. ¡No es nada de lo que avergonzarse! Al contrario, si lo necesitas, participar en tu propio proceso terapéutico es una manera de ayudar, indirectamente, a aquellos para los que trabajas. Recuerda: cuanto mejor estés tú, mejor estarán ellos.



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lunes, 18 de febrero de 2019

La memética y el Veredicto del Pájaro Dodo: la influencia de la cultura en la psicoterapia

El debate en torno al denominado “Veredicto del Pájaro Dodo”, una metáfora que hace alusión a la eficacia similar hallada al comparar los resultados generales de los grandes enfoques de psicoterapia, ha generado ríos de tinta dentro de la literatura especializada. En muchos casos, la discusión se ha convertido en el enfrentamiento de dos posturas polarizadas: aquella que defiende lo anterior, que no es el tipo de tratamiento o la técnica en particular lo que más contribuye a la mejoría de las personas, si no los factores comunes a los distintos modelos (la alianza terapéutica, instilación de esperanza o adaptar la intervención a determinadas características de la persona, por ejemplo) y otra que afirma que los factores específicos, y no los compartidos, son los más influyentes en los resultados de la terapia psicológica. Estas dos formas de ver el proceso terapéutico cuentan con pruebas que apoyan sus afirmaciones y, a su vez, con evidencias en contra de lo que defienden “los que están equivocados”. En más de una ocasión el debate se ha vuelto encarnizado, con duras críticas entre ambas posturas. En mi opinión, no se trata de una cuestión “o es esto o es lo otro”, si no de “es esto y también lo otro”. Abogo más por la integración de los datos que ofrecen las investigaciones de unos y de otros que por una competición que persiga ver quién tiene razón. 

Por desgracia, algunas personas han malinterpretado la idea que hay detrás de este veredicto y consideran que es equivalente a decir algo así como que "todo vale" en psicoterapia. Pero no, con esto no se afirma que cualquier intervención pueda ser útil, independientemente de su forma y que, por lo tanto, se puede dar luz verde a cualquier tipo de terapia. Se trata de señalar que los modelos serios y coherentes que han sido estudiados, de forma sistemática y adecuada, han mostrado ser eficaces. Tampoco se afirma que se pueda trabajar sin un modelo sensato (no existe una intervención basada en factores comunes sin más).

En cualquier caso, el tema de esta entrada no es reflexionar sobre esto. Como decía, ya hay mucho escrito sobre la cuestión, y estoy convencido que durante años las páginas de las revistas científicas y los libros de psicoterapia seguirán acogiendo opiniones y estudios al respecto. Lo que hoy quiero comentar brevemente es la publicación de un artículo en el que he colaborado y que aborda el Veredicto del Pájaro Dodo desde una óptica, hasta donde yo sé, totalmente novedosa: la memética.


Xacobe Fernández, psicólogo clínico de los Badalona Serveis Assistencials, es el verdadero artífice de esta original idea: adoptar un enfoque cultural concreto (la memética) para analizar cómo ciertas ideas se transmiten en psicoterapia y las posibles repercusiones que pueden tener.

Dado que los seres humanos somos capaces de imitar información del entorno, estos contenidos se pueden replicar por imitación, mutar, y seleccionar. De este modo, los organismos replicadores de esta información, en lugar de cadenas de aminoácidos, serían los procesos mentales superiores, expresados habitualmente en forma de lenguaje. Esta información imitable, equivalente al gen, sería el meme. Al igual que en genética se habla del “acervo genético”, a la totalidad de las informaciones propagadas a las que nos acabamos de referir las llamaríamos “cultura”.

La velocidad de propagación de los memes es drásticamente mayor que la de los genes. Por ende, la evolución del ecosistema cultural es mucho mayor y más maleable que la del ecosistema biológico. Esto implica que el código memético está en constante cambio y evolución, produciéndose grandes transformaciones y mutaciones en poco tiempo.

Gracias a Xacobe he descubierto un tema que era desconocido para mi y que da para mucho más de lo reflejado en el artículo (cuestiones de espacio han impedido un desarrollo más extenso), aplicable a múltiples ámbitos de la vida, pero especialmente importante cuando tiene que ver con profesiones asistenciales como la nuestra, en la que lo social, cultural, ideológico y político pueden influir (y, de hecho, lo hacen) de forma sustancial en la producción científica y en las ideas, mitos o memes que pasan a formar parte del conocimiento compartido por la comunidad.

Es un trabajo que requiere una lectura pausada y reflexiva para poder captar toda su esencia e implicaciones. Espero que aquellas personas que os animeis a leer el artículo lo encontreis de vuestro agrado. Os dejo con el resumen:

El debate acerca de la eficacia diferencial de los distintos modelos de psicoterapia y el conocido como “veredicto del Pájaro Dodo”, el hecho de que se haya encontrado una eficacia equivalente entre diferentes enfoques terapéuticos, es analizado en ese trabajo desde una nueva óptica cultural: la memética. Un meme es una unidad de información cultural que se replica y evoluciona por mecanismos de selección. La memética es el campo que se ocupa del estudio de los memes y de cómo se distribuyen y evolucionan. En este artículo nos proponemos analizar conceptos importantes de la psicoterapia y la psicología clínica desde el enfoque de la memética. Consideramos que esta perspectiva tiene importantes implicaciones en la conceptualización, estudio y mejora de la psicoterapia, arrojando luz sobre aspectos estancados y ofreciendo nuevas posibilidades investigadoras.


 Memética outtake.

viernes, 15 de febrero de 2019

XIX Jornadas ANPIR: 6 razones para apuntarse

En menos de cuatro meses se van a celebrar las XIX Jornadas de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR), que tendrán lugar en Oviedo entre el 6 y el 8 de Junio de 2019. Si eres psicólogo/a, estudiante de psicología o una persona interesada en general en la especialidad, no tienes excusa para perderte el evento. Pero si, por algún extraño motivo, tienes dudas respecto a si inscribirte o no, aquí van algunas razones de peso dirigidas a convencerte de que vengas a pasar esos días con nosotros.


#1. Por el programa: variedad y calidad.
Hemos organizado una programación variada en la que dar espacio a muchos de los ámbitos en los que se desarrolla y aplica la psicología clínica: psicoterapia, psicología clínica infanto-juvenil, neuropsicología, psico-oncología, cuidados paliativos, perspectiva de género… De ahí el lema de las jornadas: “Psicología Clínica: una especialidad, diferentes contextos”. Una buena manera de ponerse al día con respecto a lo que se está haciendo en cada una de esas áreas.


#2. Por los y las ponentes.
Algo que en ocasiones se echa en falta en congresos y jornadas es la presencia de ponentes que provengan de “las trincheras”, es decir, que estén trabajando a diario con personas, aplicando sus conocimientos y pericia como clínicos. Durante tres días vamos a poder disfrutar de mucho talento, tanto por parte de expertos reconocidos a nivel internacional, como de especialistas jóvenes deseosos de compartir su experiencia en diferentes servicios del sistema nacional de salud. Porque esto último es también importante: casi la totalidad de los ponentes trabajan en la sanidad pública. Por si fuera poco, tener a participantes de la talla de Richard Bentall (uno de los mayores expertos en psicosis) y de Lucy Johnstone (presentando en España esa maravilla que es el Marco del Poder, Amenaza y Significado) es todo un lujo y motivo suficiente para apuntarse.


#3. Por los talleres pre-congreso.
Para ir abriendo boca, antes de la inauguración se van a realizar dos talleres simultáneos a los que te puedes apuntar también. Javier Aznar, director de los programas de atención a menores víctimas de abuso sexual y mujeres víctimas de abuso sexual de la Xunta de Galicia, nos explicará cómo intervenir en estos casos tan duros de abuso sexual y trauma. Por otro lado, Pedro Sanz y Nuria Tur harán una introducción al trabajo con adolescentes desde la Terapia Basada en la Mentalización.

#4. Por la oportunidad para compartir intereses e inquietudes.
Os voy a confesar un pequeño secreto: cuando voy a una jornada de este tipo, disfruto tanto (¡o más!) con el “Congreso B”*, esos momentos entre conferencia y conferencia, en las comidas y cenas, en las que estás en compañía de otros profesionales y estudiantes que comparten tu misma pasión: la psicología clínica. Sesiones informales de las que también aprendes mucho y con las que, además, te diviertes. Es una oportunidad para reencontrarte con amigos y compañeras que viven en otros puntos de la geografía, para ponerte al día y retomar el contacto. También es una oportunidad para hablar con los conferenciantes. En la noche del viernes es posible apuntarse a una cena donde relajarse e intercambiar ideas, números de teléfono y direcciones de e-mail. Recuerdo lo emocionante que fue, por ejemplo, el año pasado hablar (bueno, más bien balbucear en inglés) y hacerme una foto con Robert Whitaker.

#5. Para poder exponer tus trabajos e investigaciones.
Para aquellos que están haciendo investigación en la práctica clínica es una oportunidad de presentar sus resultados, ya sea por medio de una comunicación oral o a través de un póster científico. Esto a veces hasta puede abrir algunas puertas o dar lugar a situaciones, cuando menos, interesantes (tal vez algún día cuente alguna cosa al respecto).

#6. Por visitar Asturias en verano.
Si nunca has estado en Asturias, esta es una magnífica oportunidad para conocer la hermosura de sus tierras y el buen talante de sus gentes. Y si ya has estado aquí… bueno, en ese caso no hace falta que diga nada para convencerte de que vuelvas en esta ocasión. ¡No conozco a nadie a quien no le haya gustado este lugar! Cuando en gran parte de España empiece a apretar el calor, aquí vamos a tener una temperatura ideal para disfrutar de las jornadas y del tiempo de ocio: tomar unas sidras en una terraza en Gijón, pasear por las calles de Oviedo, realizar una excursión por cualquiera de los cientos de pueblos con encanto de la comunidad… Tienes opciones donde elegir, todas ellas buenas.


Toda la información de las jornadas (y el formulario para inscribirse) está disponible en: https://www.anpir.org/jornadas-2019/


¡Nos vemos en Oviedo!


*Nada que ver con Cajas B o similares.

jueves, 7 de febrero de 2019

Proyectos y sobrecarga

Tengo que pedir disculpas a los lectores de El Lecho de Procusto por tener este terreno un poco abandonado. Siempre pienso en actualizar este blog y en mi mente se acumulan algunos temas que creo que pueden ser de interés de quienes suelen visitar este lugar. Por ejemplo, hace tiempo que quiero escribir algo sobre el auto-cuidado del profesional de la psicología clínica, un tema muy importante. De hecho, algo tiene que ver con el hecho de que haya tardado tanto en publicar una nueva entrada: soy consciente de que llevo mucha carga laboral sobre los hombros en estos momentos y necesito descansar cuando puedo.

Así que hoy voy a aprovechar y a utilizar mis justificaciones por haber tardado tanto en actualizar el blog como una nueva publicación en si misma. No toca hablar de algún tema específico, si no de cuestiones personales relacionadas con mi actividad profesional (en sus múltiples facetas). Lo que viene a continuación es un listado de todos los asuntos en los que ando metido, algunos de los cuáles se verán reflejados de forma más extensa en próximas actualizaciones.

Lo primero es lo primero: el trabajo clínico. En el mes de Enero el número de nuevas consultas ha sido elevado en años anteriores, especialmente si lo comparamos con otros meses. Y en este 2019 la demanda se ha disparado todavía más, de manera que paso muchas horas haciendo psicoterapia. Es un privilegio tener tanto trabajo y disfruto de ello, a pesar de todo el tiempo que requiere.

Por otro lado, formo parte del comité organizador de las próximas Jornadas de ANPIR, que se celebrarán en Oviedo del 6 al 8 de Junio de 2019. Nunca me había enfrentado a una tarea de este tipo y lo cierto es que me está dando mucho trabajo. ¡Menos mal que el comité está lleno de gente trabajadora que está haciendo todo lo posible por organizar un evento que merezca la pena! Hablaré del programa próximamente, pero de momento quiero resaltar la presencia en las jornadas de dos profesionales de reconocido prestigio internacional: Richard Bentall, uno de los mayores expertos en psicosis, y Lucy Johnstone, psicóloga clínica que presentará en España su trabajo sobre el Marco del Poder, Amenaza y Significado.

Con respecto a próximas publicaciones, pronto estará disponible en la revista Papeles del Psicólogo un artículo en el que he colaborado con Xacobe Fernández, quien ha tenido una idea muy original e interesante que hemos desarrollado con mucho entusiasmo. De momento no revelaré el tema del que trata, pero estoy seguro que va a llamar la atención. En la misma revista, está pendiente de publicarse también la versión en inglés de Pericia, Efectos del Terapeuta y Práctica Deliberada.

Además, tengo algún otro escrito en revisión, realizado en colaboración con otros grandes amigos y compañeros psicólogos clínicos. Revisarlo, editarlo y mandarlo es algo que me ha ocupado también bastante tiempo. Y aún me queda algún que otro proyecto secreto en el que estoy trabajando cuando tengo tiempo (es decir, ¡casi nunca!).

Por cierto, hablando de artículos, esta semana se ha publicado una entrada en el blog Therapy Meets Numbers en el que se revisa nuestro artículo del año pasado sobre el uso de feedback en psicoterapia. El autor, un clínico inglés al que no conocía, me contactó hace unas semanas pidiéndome permiso para publicarlo. Y la verdad es que es un honor que alguien se haga eco de tu trabajo y le dedique tan agradables palabras. Puedes ver dicha publicación pinchando en: Every picture tells a story.

En cuanto a formación, me he metido en un verdadero lío: solapar durante seis meses dos cursos diferentes. Acabo de comenzar la formación en la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar mientras finalizo el Máster en Terapias Contextuales de la Universidad de Almería. Este año está siendo maravilloso poder contar con las sesiones de supervisión con Iván Torres, quien, además de enseñarme mucho de Terapia de Aceptación y Compromiso y de Psicoterapia Analítico-Funcional, es un gran compañero. Pronto llegará la hora de realizar el trabajo fin de máster (más cosas que hacer, ¡estupendo!).
Por cierto, esta puede ser una buena ocasión para recordar mis publicaciones en este blog sobre terapias contextuales: ACT, Mindfulness, TCBP, TIP y otras.

Todavía hay más: alguna que otra ponencia para los próximos meses y de las que iré dando más detalles a medida que se vayan concretando las propuestas.

Y, cuando me queda algo de tiempo, hasta intento tener un poco de vida personal.

Creo que todo esto hace que me merezca el perdón por parte de aquellos que esperan como agua de mayo nuevas actualizaciones del blog (en el caso de que exista un ser similar). Prometo* que pronto volveré y será con algo de mayor fundamento y menor dispersión.

¡Y recordad que os podéis subscribir al blog introduciendo vuestra dirección de e-mail en la casilla de la parte superior derecha!


*El cumplimiento de dicha promesa no está garantizado de ninguna manera.