domingo, 31 de marzo de 2019

Jornada "Evidencias en Psicoterapia".

La Asociación Asturiana de Salud Mental ha tenido el detalle de invitarme a participar como ponente en una jornada sobre “Evidencias en Psicoterapia”. Para mi es todo un honor que hayan querido contar con mi presencia allí, sobre todo teniendo en cuenta que voy a estar rodeado de grandes y experimentados profesionales, psicólogos clínicos conocidos y respetados en Asturias (y más allá de sus fronteras): Francisco Estévez, que era jefe de estudios de la Unidad Docente Multiprofesional de Salud Mental del Principado de Asturias cuando yo comencé la residencia (allá por 2011) y que fue la persona que nos dio, a los de mi promoción, la bienvenida a la formación sanitaria especializada; Marino Pérez, catedrático de la Universidad de Oviedo, persona con amplios conocimientos, prolífico autor que siempre pone sobre la mesa ideas interesantes sobre la salud mental; y Marco Luengo, un clínico muy querido y co-responsable de esa magnífica investigación que me gusta citar a menudo sobre la efectividad de la psicoterapia breve en los servicios públicos (cuyos resultados se pueden consultar aquí y aquí).

En los últimos meses, dentro de la comunidad de psicólogas y psicólogos, se ha hablado mucho sobre prácticas basadas en la evidencia a raíz de los planes del Ministerio de Sanidad para luchar contra los tratamientos pseudocientíficos. Por desgracia sigue pasando algo que ya comenté en otra entrada: muchos pseudo-divulgadores de las redes sociales presentan una imagen parcial y sesgada de lo que es la práctica basada en la evidencia en psicología (aunque estoy seguro de que no lo hacen con mala intención ni a propósito). En esta jornada, la idea es hablar con claridad de estos y otros asuntos, acercando lo cuantitativo a lo cualitativo y ampliando miras en un tema tan importante como este.

Yo me dedicaré a tratar de explicar lo relevante que es adaptar la terapia a las características y preferencias de cada persona, integrando los factores que hacen que la intervención sea más eficaz. Así que saldrán temas ya abordados en este blog, como la práctica basada en la evidencia, los factores comunes y, sobre todo, la obtención y uso de feedback en psicoterapia.

La jornada está acreditada por la Escuela de Salud Mental de la AEN y tiene el reconocimiento de interés sanitario de la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias. Tendrá lugar en el salón de actos del Hospital de Cabueñes (en Gijón), el 25 de Abril, de 9 de la mañana a 7.30 de la tarde. La cuota de inscripción es mínima, entre 10 y 20 euros. La inscripción se puede realizar pinchando AQUÍ.


martes, 12 de marzo de 2019

Desarrollo profesional (I)

 
Adquirir nuevas habilidades, mantenerlas a lo largo del tiempo, ampliar nuestro conocimiento y comprensión de la materia a la que nos dedicamos, mejorar, ser cada vez más eficaces… Son objetivos comunes a cualquier profesión en la que una persona se sienta lo suficientemente motivada como para seguir trabajando y dar su mejor versión. Es algo a lo que llamamos desarrollo profesional y que será el tema de esta entrada y de la siguiente. Hoy introduciré el concepto mediante la reseña de un artículo recién salido del horno: “The Professional development of counsellor and psychotherapists: Implications of empirical studies for supervision, training and practice. La próxima actualización sera mucho más personal, centrada en mi propia experiencia.

El desarrollo profesional de aquellos que nos dedicamos a la psicoterapia puede ser definido como “cambios en las habilidades, actitudes, capacidades cognitivas, funcionamiento emocional e interpersonal y en la identidad vocacional de los terapeutas profesionales”.

Michael Rønnestad y David Orlinsky son, probablemente, las personas más expertas en cuanto a desarrollo profesional de los clínicos se refiere. Han llevado a cabo los estudios más importantes al respecto y publicado un libro de referencia en 2005: “How Psychotherapists Develop: A Study of Therapeutic Work and Professional Growth”. En este artículo nos presentan los resultados de dos investigaciones. Por un lado, el “Estudio Minnesota”, formado por una muestra de 100 psicoterapeutas con diferentes grados de experiencia. Por el otro, el “Estudio internacional del desarrollo [profesional] de los psicoterapeutas”, en el que participaron nada más y nada menos que ¡cerca de 5.000 profesionales de diferentes partes del mundo!

El objetivo del Estudio Minnesota era conocer cómo se llevaba a cabo el desarrollo profesional del psicoterapeuta a lo largo de toda su carrera: ¿cómo progresa? ¿de qué forma va mejorando sus competencias? ¿qué cosas facilitan ese desarrollo y cuáles las entorpecen? ¿qué relación tiene su vida personal en su vida laboral? A partir del análisis de la información recopilada, los autores terminaron describiendo cinco fases diferenciadas:
  • Fase 1: Estudiante novel. Uno empieza su carrera con ciertas expectativas previas de lo que significa pensar y comportarse como un psicoterapeuta. Estas sirven para establecer una serie de metas que pueden ir acompañadas del miedo a fracasar, a no ser capaz, lo que genera ansiedad. Es difícil, por ejemplo, exponerse a la observación de maestros, supervisores y compañeros a la hora de hacer role-playing o ver los primeros casos.

  • Fase 2: Estudiante avanzado. La supervisión se convierte en un aspecto básico del futuro profesional, que va aprendiendo que la terapia es algo más complejo que basarse en una teoría general y que el trabajo terapéutico debe ser algo altamente contextualizado e individualizado.

  • Fase 3: Profesionales nóveles. En este momento es crucial acostumbrarse a trabajar de manera independiente y resolver conflictos con respecto a la propia identidad profesional.

  • Fase 4: Profesionales experimentados. Aquí las claves parecen ser mantener una sensación de crecimiento profesional y resiliencia, integrando las identidades personal y profesional; además de evitar el burnout o de  estancarse.

  • Fase 5: Profesionales senior. A los factores de la fase 4 se añade en este momento la tarea de prepararse (y preparar a los consultantes y al servicio) para la jubilación. Aparece un sentido de coherencia y autenticidad, acompañado de un sentimiento de consistencia entre valores, auto-concepto, modelos teóricos y técnicas.

A raíz de la información obtenida, se ha propuesto un modelo con tres Trayectorias Cíclicas que potencialmente pueden describir el desarrollo profesional de los psicoterapeutas: Desarrollo continuo, Agotamiento y Retirada. El cómo afrontamos los desafíos y dificultades del trabajo clínico diario es algo que va a determinar la trayectoria que sigamos a lo largo de nuestra carrera. A su vez, esto dependerá tanto del contexto laboral como de las capacidades personales, especialmente en lo relacionado con la práctica reflexiva, la cual requiere “tolerancia a la ambigüedad, capacidad para la complejidad cognitiva y la meta-cognición, apertura a la experiencia y habilidad para procesar las emociones negativas (…) La reflexión productiva implica la organización de material relevante de una manera que permita al terapeuta responder de forma constructiva a las necesidades de sus clientes”. En definitiva, lo que se puede concluir es que para que uno mejore como profesional y progrese de forma óptima es necesaria una actitud humilde de reflexión acerca del trabajo terapéutico con una clara motivación para seguir aprendiendo, no solo de otros profesionales, si no también de las propias personas con las que se trabaja. “De la misma manera que los clientes necesitan reconocer sus vulnerabilidades y fortalezas para poder alcanzar sus metas, terapeutas y supervisados necesitan ser conscientes y tolerar las dificultades que experimentan para poder desarrollarse de forma óptima como profesionales (…) necesitan hacer un uso continuo de los recursos disponibles, tales como talleres, conferencias, supervisión, terapia personal y otros recursos de sus vida personal”.

Junto a estas cuestiones, los autores proponen una serie de directrices (tanto generales como específicas de cada fase de desarrollo) que los supervisores deberían tener en cuenta.

En el segundo estudio (SPR/CRN, de las siglas en inglés) se obtuvo muchísima información de interés, de entre la que quizás es de lo más importante la descripción de dos tipos de experiencias que todos los clínicos conocemos en menor o mayor grado: Implicación Saludable e Implicación Estresante. La primera es la más deseable, se relaciona con un desarrollo profesional más beneficioso y con un mayor desempeño en la práctica clínica. Tiene que ver con la implicación profesional, destrezas profesionales, flexibilidad y afrontamiento constructivo de las dificultades inherentes a la profesión. Dos factores que se relacionan claramente con esta Implicación Saludable son tener una amplia experiencia con diferentes modalidades de tratamiento (individual, terapia de pareja, grupal, terapia familiar) y un amplio conocimiento de diferentes conceptos teóricos, apertura hacia los mismos y capacidad para utilizarlos de forma flexible al servicio de las necesidades particulares del consultante. Plantarse rígidamente sobre una orientación teórica única y no querer saber nada de lo aportado por otros modelos no hace ningún favor a las personas atendidas ni al propio profesional (y sin embargo muchos siguen considerando la integración y el eclecticismo como una especie de lacra a erradicar de la práctica clínica). La Implicación Estresante, por su parte, está relacionada con sentimientos de desmoralización, falta de apoyo, ansiedad, aburrimiento y, en general, utilización de estrategias de afrontamiento poco o nada constructivas. Por lo tanto, para alcanzar lo que los autores denominan una “práctica efectiva”, es necesario que el balance sea del siguiente tipo: mucha Implicación Saludable y poca Implicación Estresante. De las 5.000 personas encuestadas en este trabajo, aproximadamente la mitad se podría encontrar en este grupo. Lo cual indica que la mitad de los profesionales podría estar experimentando una situación que no favorece que obtengan los mejores resultados posibles.

De forma resumida, se proponen dos ciclos de desarrollo: uno positivo, que lleva a un buen desarrollo profesional; y otro negativo, que produce el efecto contrario. Y quiero repetir una vez más esta idea, ahora en palabras de los autores: “Los terapeutas que indican estar influenciados significativamente por una variedad de marcos teóricos tienen más probabilidades de experimentar su trabajo con Implicación Saludable, lo que sugiere que tener múltiples perspectivas teóricas enriquece la reflexión profesional continua, que ha sido identificada como una característica central del desarrollo profesional óptimo”. Y esto lo dicen unos investigadores que realizaron el estudio inicial con 5.000 terapeutas en su momento, pero que ahora mismo tienen ya 12.000 en su base de datos. ¡Algo sabrán del tema!

Rønnestad, Orlinsky y sus compañeros continúan investigando estas cuestiones y tienen en marcha estudios a largo plazo que, sin duda, aportarán mucho al campo de la psicoterapia.


Confiarse, escudarse detrás de un modelo particular, seguir un procedimiento determinado, culpar a los otros de los propios errores… nada de eso contribuye a que los clínicos vayamos desarrollando nuestras habilidades profesionales con el paso del tiempo. Las dificultades y desafíos forman parte de nuestro trabajo y estarán siempre presentes hasta el día en que nos retiremos. Sin el debido auto-cuidado, sin desarrollar prácticas reflexivas y sin afrontar de forma constructiva estos problemas, no vamos a poder ejercer bien nuestra profesión, con lo que ello implica para las personas que confían en recibir un buen servicio por nuestra parte. De nuevo surge algo en lo que insisto a menudo (porque numerosas investigaciones demuestran que es importante): nos hace falta centrarnos más en conocer nuestros puntos débiles y fuertes, mejorar en los primeros y potenciar los segundos; actuar con una actitud permanente de apertura, curiosidad, humildad y respeto por la persona que tenemos en frente; y aprender de ella: es el mejor manual de tratamiento que vamos a encontrar en nuestra carrera.