domingo, 23 de diciembre de 2018

Para vosotros y vosotras, valientes

Durante estas fechas, en las que muchas personas disfrutan de un merecido período de vacaciones, llenas de momentos festivos y celebraciones en nuestra cultura, hay un pequeño pero significativo número de valientes que continúa haciendo un esfuerzo casi sobrehumano con el fin de alcanzar el objetivo por el que llevan tanto tiempo luchando. Ellas y ellos son lo que los galos a los romanos en los cómics de Astérix. No sé cuál es su poción mágica ni de donde la sacan, pero lo cierto es que hay algo que les permite mantenerse firmes y seguir adelante. Estoy hablando, por supuesto, de las miles de personas que preparan el examen de acceso al PIR de la actual convocatoria. A vosotros, valerosos estudiantes, va dedicada la entrada de hoy.


Muchos hemos estado ahí antes y sabemos que lo que estáis haciendo es duro, muy duro. Vuestro entorno no entenderá a veces que apenas os toméis un descanso, las largas horas en frente de los libros, las conversaciones frikis con vuestras compañeras acerca de si “en el Belloch dice que esto es así, pero en el Vallejo pone lo contrario” y similares. Y aunque muchas veces os sentís incomprendidos, no dejáis de perseguir vuestra ansiada plaza.

Hay momentos en los que aparece en vosotras la tentación de tirar la toalla y dedicaros a otra cosa. Sabéis que otras antes lo hicieron así y os parece comprensible (lo es). Sin embargo, cuando parece que ya todo está perdido, volvéis a levantar la cabeza, llenáis la mochila de libros y apuntes y os ponéis de nuevo rumbo a la biblioteca. ¡Qué valentía! ¡Qué osadía!

Tenéis mi respeto y simpatía (y la de muchos otros). Vosotros, que pudiendo escoger el camino fácil de pagaros otro tipo de formación privada que incluya los términos “psicología clínica” y presentaros como especialistas sin serlo, elegís lo más difícil. Vosotros, que pudiendo decidir presentaros como “psicólogo consultar” siguiendo los perversos consejos de aquellos a los que poco les importa la profesión y menos los pacientes/clientes, os resistís y continuáis subiendo la montaña por el lado más escarpado. Ese camino lleno de frustraciones y ansiedad, aterrador en ocasiones. Pero os aseguro que lo que vais a encontrar cuando lleguéis a vuestro hogar merecerá la pena.

Porque si, el PIR se convertirá en una especie de hogar para vosotras. Allí os van a nutrir, a cuidar, a enseñar. Cuando hayan pasado los cuatro años de residencia y miréis hacia abajo, al camino recorrido para haber llegado allí, os daréis cuenta de que ha merecido la pena. Habréis luchado por lo que era importante para vuestro desarrollo profesional (y seguramente personal), siendo coherentes y honestos con vosotros mismos y, sobre todo, con las personas a las atenderéis. Para muchas de ellas, jugareis un papel muy importante en una parte de su vida. Y estaréis contribuyendo al bienestar de la comunidad en general. Así que, ¡por favor, no dejéis de seguir caminando en esa dirección! ¡Los que ya llegamos estamos deseando recibiros con los brazos abiertos!

La recta final es complicada. Lo cierto es que ni siquiera es una recta, es un tramo lleno de curvas. Por eso es importante darse cuenta de que lo que estáis haciendo tiene un sentido. Hace unos días, en una conocida red social, una de esas valientes personas que prepara el PIR, en su búsqueda de motivación, proponía a las que ya habían hecho la residencia que contaran sus mejores recuerdos durante la misma. Con el permiso de quienes contestaron, y de forma anónima, aquí van algunos de esos comentarios. Espero que esto os ayude de alguna manera a todos los que en estas fechas seguís demostrando que sois como Astérix, Obélix y el resto de valerosos galos.

En mi caso sería una mezcla de los profesionales y personas que he conocido (entre ellos el que es mi pareja desde hace 4 años) y la cantidad de situaciones de aprendizaje que he tenido la oportunidad de vivir: la psicoterapia y las cosas que te enseñan los pacientes, las supervisiones, las formaciones, exponer sesiones clínicas, ir a congresos, llevar terapias grupales, la rotación externa (y todo lo que me cambió), participar en la elaboración de protocolos o iniciar atenciones grupales en algún servicio concreto que luego continúan como oferta asistencial, sentirme parte de un equipo multidisciplinar y aprender con/de otras profesiones... Son tantas cosas que no puedo elegir solo una”.

Lo primero que se me viene a la mente es los compañeros y compañeras que he encontrado “por el camino” y que afortunadamente conservo”.

El hambre de experiencias y compromiso profesionales (se atenúa con el tiempo), es un privilegio sentirse en la trinchera y protegido, te pasan las balas muy cerca y solo te pasan el fusil cuando estas preparado para la batalla. Reconocer maestros en algún tutor. Seguro las amistades que duran, las que hice luego y las que vendrán en ese contexto. Sentir orgullo con en el talento de mis compañeros. Activismo político. Fui papá en el hospital donde curraba. Es una profesión que puede llegar a ser muy especial, el que lo probó lo sabe.”

Te llevas muchas cosas. Muchas siguen durando. Aunque estuvo muy bien que en uno de los grandes hospitales de España, el último día de residencia, en un salón de actos repleto, donde se repartían los diplomas de especialidades, la Psicología Clínica le levantara el premio de investigación final de residencia a las otras especialidades médicas. Fue un buen subidón, la verdad”.

Ver unidos a residentes y adjuntos para defender la Psicología Clínica cuando hizo falta”. 
 
Las sensaciones al trabajar, mezcla de curiosidad y vértigo al enfrentarte a nuevos casos. El apoyo de la inmensa mayoría de los supervisores. Luego, ya más mayor, el activismo, el compromiso, la unión”.

Las personas que he conocido (no solo del ámbito clínico) y los cientos de pacientes-usuarios con los cuales he ido aprendiendo una profesión”.

Son cuatro años a intensidad experiencial máxima, en lo bueno y no tan bueno. Al principio cuesta situarse, pero si estás en el momento adecuado, maduro para vivirlo, es una experiencia insuperable”.

Lo mejor de la residencia... ¡¡poder seguir juntándonos a recordar!!

Recuerdo como uno de los días mas emocionantes de mi vida cuando se anunció el numero de orden de plaza PIR oficial y la jornada de adjudicación de plazas. En nuestra comunidad nos reunimos e hicimos un tour para conocer todos los hospitales. Los resis nos recibían con los brazos abiertos para ficharnos en su hospital”.

El conocer compañeros y aprender de ellos. Pero yo me quedo con momento para mi importantes como las cañas después del curro, donde nos uníamos los resis en ocasiones y hacíamos piña (yo hice la resi fuera de mi ciudad y esa unión con mi Co-R, R mayores y R pequeños fue un gran arrope emocional)”.

El aprender acompañada de adjuntos y compañeros y vernos crecer personal y profesionalmente. El ver como los miedos del principio se van transformando en mayor seguridad, las lecturas compartidas, las cañas de los miércoles, en las que puedes hablar horas sobre el trabajo y seguir pasándotelo bien. Las chancletas (festa de todos los resis de Galicia donde damos la bienvenida a los nuevos y despedimos a los que terminan la residencia). El recuerdo de algunos pacientes, que te tocan especialmente... La rotación por interconsulta, que te hace crecer... (a veces la rabia y el aprender a manejarla). El conseguir pequeños grandes logros tras años de esfuerzo, entre todos los resis (como fue la atención continuada en nuestra comunidad y en nuestra área en concreto), los mayores que nos han enseñado a luchar por los derechos de los pacientes en Salud Mental (y nos han transmitido la historia que hay detrás). La manifestación delante del ministerio (empanada incluida...). La entrada en Atención Primaria de los Pires... Las sesiones clínicas, el prepararlas con el resto de resis, la sesión de despedida y las distinta emociones que la acompañan... La música que nos sigue regalando nuestro tutor en cada evento… ¡Es una experiencia increíble a todos los niveles! Es difícil quedarse con un recuerdo, creo que son múltiples recuerdos, personales y profesionales que no es fácil aislar”.

Para mí fue una experiencia tan gratificante que tardé años en empezar a sentirme adjunta, seguí hablando de nosotros los pires mucho tiempo. Hoy ya no se me escapa, pero son muchos los momentos en que me siento PIR, ¡y me encanta! Por otro lado, ahora veo también el estímulo que son los residentes para los adjuntos, cada día te obligan a aprender, a seguir creciendo, a seguir viendo retos en todas partes... También lo que queda por hacer, lo que podríamos hacer y tantos miles de cosas”.

Me acordé de una supervisión con mi tutor de rotación el primer año como PIR. Después de que me diera su opinión sobre el caso y algunas indicaciones, añadió algo así como "...pero tú puedes hacerlo cómo quieras, que yo te apoyaré". Es uno de esos momentos en los que te sientes respaldado y considerado como profesional capaz y que te marcan en cierta manera”.

Las compañeras de residencia, la supervisiones informales que hacíamos entre todas. Y los pacientes de los que tanto he aprendido durante estos años”.



¡Mucho ánimo y felices fiestas a todas/os!

No hay comentarios:

Publicar un comentario