viernes, 1 de abril de 2016

Los factores comunes a las diferentes psicoterapias

A grandes rasgos, y de una manera muy simplificadora, podríamos decir que existen dos grandes grupos de investigaciones en cuanto a la eficacia de la terapia psicológica. Por un lado tenemos una corriente que estudia qué técnicas concretas son las que producen los cambios terapéuticos. Son típicos de este planteamiento los trabajos que comparan diferentes tipos de tratamientos entre si en el abordaje de un trastorno determinado. Por ejemplo, aquellas investigaciones que permiten concluir que para tratar la depresión, la terapia de conducta, la terapia cognitiva o la terapia interpersonal, entre otras, gozan de suficiente apoyo empírico. Otro grupo de investigadores parte del hallazgo, continuamente replicado, de que todas las psicoterapias formales son eficaces. A raíz de este resultado, surgió la siguiente pregunta: si todas las terapias son eficaces, ¿qué es lo que tienen en común, a pesar de partir de diferentes modelos teóricos? O dicho de otro modo: ¿qué elementos del tratamiento psicológico son los que facilitan los cambios en los consultantes? En este sentido, no interesa saber si la “Terapia X” es más o menos eficaz que la “Terapia Y”, si no cuáles son los elementos de cada modelo implicados en dicha eficacia.

Los factores comunes (o generales), por lo tanto, son aquellas variables de la terapia psicológica que aparecen en la mayoría de modelos teóricos, que no son exclusivos de un tratamiento determinado, y que tienen efectos terapéuticos.

Podemos destacar varios momentos históricos en el desarrollo del estudio de los factores comunes. Generalmente se considera que la primera mención a esta idea la hizo un autor llamado Rosenzweig, en 1936. Sin embargo, tuvimos que esperar unos 50 años hasta que otro autor, Frank, describiera lo que para él eran los elementos comunes a toda psicoterapia: una relación de confianza con un profesional de la salud; un contexto terapéutico; un terapeuta que proporciona una explicación plausible de los problemas del paciente; y un procedimiento o ritual para afrontar los síntomas.

Con el avance en la aplicación del método científico al estudio de la psicoterapia, las investigaciones de resultado (aquellas que comprueban el efecto de una psicoterapia) fueron mostrando de forma clara dos cosas: que la terapia psicológica es eficaz y que todas las psicoterapias producen efectos terapéuticos.

En 1992, Lambert publicó un conocido estudio en el que describía qué porcentaje de influencia tenían una serie de variables en los resultados de la terapia. Sus datos indicaban que las técnicas psicológicas específicas solo explicaban el 15% de los resultados, el mismo porcentaje atribuido al efecto placebo; los factores comunes explicarían el 30% del efecto de la terapia y el mayor porcentaje (40%) se debería a los cambios extraterapéuticos (es decir, las cosas que pasan fuera de la terapia y las características, fortalezas y recursos de los pacientes). Más aún, casi 20 años después, otro autor influyente, Bruce Wampold, señaló que solo el 1% de los resultados de la terapia se podían atribuir al modelo específico, y que el 13% del cambio tenía que ver con las actitudes y características del terapeuta.

¿Qué quieren decir los resultados del párrafo anterior? Lo que nos indican estos datos es que lo realmente determinante a la hora de hacer una terapia no es tanto el modelo teórico que se siga (aunque, por supuesto, es imprescindible tener uno) o las técnicas específicas aplicadas por el profesional. Los factores más importantes de cara a lograr un resultado positivo están en otros lugares: en los factores comunes, en el terapeuta y, sobre todo, en la paciente.

Para Sprenkle, David y Lebow, los modelos teóricos son los vehículos a través de los cuales los factores comunes operan. Estos autores indican que son más importantes las características y capacidades de los terapeutas que el propio tratamiento, y que ofrecer algo que encaje con las necesidades de los pacientes y confiar en su capacidad para usar lo que se le ofrezca, a su propia manera, es más importante que la forma de ejecutar el tratamiento.

De entre todos los factores comunes estudiados, quizás el que más interés ha recibido es el de la alianza terapéutica, es decir, la relación profesional y de colaboración que se establece entre la psicóloga y el cliente. Si se dan ciertas características en dicha relación, la probabilidad de que los resultados del tratamiento sean positivos se incrementa notablemente. Y esto se ha demostrado en diversas investigaciones. La relación terapéutica se relaciona con cuestiones como el acuerdo en las metas de la terapia y en la manera de tratar de alcanzarlas, así como con el vínculo emocional, de confianza, respeto y honestidad que surge entre las personas implicadas en el proceso terapéutico.

De la misma manera que existen guías clínicas sobre tratamientos eficaces para trastornos específicos, la Asociación de Psicología Americana, a través de las divisiones de Psicología y de Psicología Clínica ha desarrollado una guía con las conclusiones acerca de la efectividad de algunos factores comunes relacionados con la alianza terapéutica. Podemos resaltar algunos resultados importantes analizados por estos expertos:
  • La relación terapéutica influye de forma consistente y sustancial en los resultados de la terapia en todos los tipos de psicoterapia estudiados
  • La alianza con adultos, con niños, adolescentes y sus padres es un predictor de los resultados de la terapia
  • La alianza en terapia de pareja y familiar posee también apoyo empírico
  • La cohesión en terapia grupal está asociada con los buenos resultados
  • La empatía del terapeuta posee buen apoyo empírico
  • Es importante el acuerdo sobre las metas (entre paciente y terapeuta) y la actitud de colaboración entre ambos
  • La consideración positiva hacia el paciente está altamente recomendada
  • Los terapeutas deben mostrar congruencia (autenticidad)
  • Recoger feedback del cliente acerca de su estado es una práctica eficaz
  • La presencia de reparaciones de rupturas de la alianza durante la terapia se relaciona de forma positiva con los resultados
  • Se recomienda el manejo adecuado de la contratransferencia para promover el éxito del tratamiento y el funcionamiento positivo del paciente (los conflictos sin resolver del terapeuta se asocian a efectos antiterapéuticos)
  • Es importante adaptar el tratamiento y la relación a cada paciente particular, teniendo en cuenta una serie de variables

Junto con estas recomendaciones, que pueden mejorar los resultados del tratamiento, se han hallado una serie de características que resultan ineficaces o, en ocasiones, incluso pueden afectar negativamente a la terapia:

  • Confrontaciones
  • Comentarios y actitudes críticas, negativas, hostiles, culpabilizadores o rechazantes hacia las pacientes
  • Hacer suposiciones sin confirmarlas con el consultante
  • Privilegiar la perspectiva del terapeuta sobre la del cliente
  • Rigidez del terapeuta
  • Lecho de Procusto: modificar las circunstancias para que encajen las teorías, datos o creencias propias, en lugar de adaptarlas a la situación

Aunque cada uno de nosotros, como profesionales, tenga su modelo favorito, conviene recordar que este no es más que una de las múltiples interpretaciones posibles de la realidad y que la rigidez a la hora de seguir un determinado enfoque no está justificada, a tenor de los resultados de la investigación. Conviene reforzar los aspectos de la relación terapéutica que han mostrado su utilidad y detectar, apreciar, facilitar y potenciar los propios recursos de las personas que solicitan nuestros servicios. Nunca podremos decir de forma tajante que siguiendo las anteriores indicaciones los resultados serán indiscutiblemente los deseados, pero al menos si que dispondremos de más probabilidades de que así sea.

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