sábado, 22 de abril de 2017

¿Es necesario pasar por terapia personal para ser un buen psicólogo clínico?

Con cierta frecuencia escucho en cursos y congresos o leo en foros sobre psicología y psicoterapia comentarios que vienen a decir algo así como:

“Si un psicoterapeuta no pasa por terapia personal, no puede ayudar de manera eficaz a sus pacientes”.

Existe, por tanto, una creencia más o menos extendida entre ciertos grupos de profesionales relacionados con la psicoterapia acerca de lo imprescindible que resulta que aquella persona que se vaya a dedicar a realizar una terapia psicológica para ayudar a otras personas debe haber sido, previamente, paciente/cliente de otro psicoterapeuta más experimentado, si quiere ser eficaz en su trabajo. Este proceso, además, debe ser realizado durante un largo período (por ejemplo, dos años), independientemente de que la persona en formación muestra o no algún tipo de psicopatología o problema interpersonal, existencial, etc. Dicha creencia parece llegar también a algunas personas no instruidas en la materia, estando parcialmente presente en la cultura popular.


Viñeta de Forges.

¿Mito? ¿Realidad? Lo cierto es que varias escuelas de psicoterapia incluyen como un requisito del futuro terapeuta el análisis o terapia personal. Algunas sociedades que acreditan a los profesionales como “psicoterapeuta” también incluyen entre sus criterios un número mínimo de horas dedicadas a la terapia personal. Conozco a otros compañeros de profesión, psicólogos clínicos y psiquiatras, que efectivamente acuden a su propia psicoterapia o lo han hecho en el pasado.

Se suele considerar a Freud, padre del psicoanálisis, la primera persona en señalar que uno no puede ser un buen psicoanalista sin haber pasado primero por el diván. Argumentaba que era imposible introducirse en el inconsciente de otra persona sin antes haberse adentrado en el suyo propio. El análisis personal se mantiene hoy en día como una parte fundamental y necesaria de la formación del psicoterapeuta que trabaja desde una orientación psicodinámica. Un modelo similar fue adoptado por otras escuelas psicoterapéuticas que hoy en día todavía mantienen este requisito, aunque con sus propias características. Por ejemplo, para recibir la acreditación terapeuta familiar es necesario realizar un trabajo con la “familia de origen del terapeuta”, donde se profundice en las pautas relacionales de la propia familia. Otras escuelas, como la terapia cognitivo-conductual, en general no consideran que sea necesario un trabajo personal de este tipo.

En definitiva, la lógica que subyace a este asunto es la siguiente: frente a una misma paciente, un psicoterapeuta con la misma formación que otro, pero que haya hecho su terapia personal, obtendrá mejores resultados que el segundo; los consultantes, por tanto, mejorarán más cuando sean atendidos por el primero, aún cuando el resto de condiciones se mantengan iguales.

Y aquí viene la pregunta importante: ¿es esto realmente así? ¿Realizar terapia personal hace que el clínico obtenga mejores resultados en su práctica profesional?


Lo que dice la investigación.

Como decía, muchos especialistas de la salud mental acuden a su propia terapia. Cuando se les pregunta al respecto, los estudios publicados indican que la mayoría de los profesionales considera que la experiencia les ha resultado útil, gratificante y que les ha convertido en mejores terapeutas. Un pequeño porcentaje lo define como algo perturbador, más que beneficioso. Sin embargo, esto no es suficiente.

Aunque probablemente el proceso de terapia psicológica nunca pueda ser analizado y descrito al completo, en el sentido científico, tenemos el deber de que comprobar, en la medida de lo posible, qué es lo que funciona y lo que no, qué cosas resultan útiles para ayudar a las personas a resolver sus problemas y demostrar, de alguna manera, que es realmente así, que no es algo que se queda en la mera intuición o la impresión subjetiva (aunque también haya cabida para un poco de esto).

Recuerdo que, hace no muchos meses, pregunté a varias personas que se horrorizaban hablando de lo temerario que era dedicarse a la psicología clínica sin haber pasado por un análisis personal si me podían indicar alguna referencia donde se señalase que los psicólogos que habían hecho terapia personal tenían mejores resultados. El silencio fue lo único que encontré por respuesta.

Desde la segunda mitad del siglo XX se han llevado a cabo algunas investigaciones para comprobar este supuesto. Después de mucho tiempo dando por sentado que este asunto era imprescindible, a alguien se le ocurrió que no estaría de más evaluar los resultados de la psicoterapia en términos de la mejoría de los pacientes. Si bien es cierto que en este tipo de estudios puede resultar difícil separar el efecto de cada una de las variables que pueden intervenir, es posible al menos obtener algunos resultados que muestren si realmente es beneficioso pasar por el proceso del que estoy hablando. Y el resultado de los principales trabajos realizados hasta la fecha suele repetirse una y otra vez: no se puede concluir que pasar por psicoterapia personal mejore los resultados del tratamiento. Si comparásemos lo eficaces que son en su trabajo dos psicólogas clínicas (Noelia, que ha pasado por un análisis personal de 2 años y Esther, que no ha hecho terapia personal), por lo demás con exactamente las mismas características de formación, personalidad, etc., no observaríamos diferencias significativas entre ellas. Es decir, los pacientes de Esther mejorarían tanto como los de Noelia. Incluso algún estudio (Garfield y Bergin, 1971) encontró una correlación negativa entre la terapia personal y los resultados del tratamiento (aquellos clínicos que habían hecho su propia terapia eran “peores” que los que no la habían realizado), aunque este dato pueda ser simplemente anecdótico.

Por lo tanto, a día de hoy no existe evidencia sólida que demuestre que pasar por terapia personal sea necesario para  ser un clínico competente. Aún más, aunque se demostrase que efectivamente existe alguna influencia, teniendo en cuenta que las variables del terapeuta explican un porcentaje pequeño de los resultados del tratamiento, aquella sería mínima. Pero este no es el caso.

Esto no significa que, en ocasiones, pueda ser necesario. El profesional de la psicología clínica, como cualquier persona, no es inmune a los problemas mentales, relacionales, familiares o de cualquier tipo de los que se abordan en la consulta. Aquí, al igual que en la terapia, puede que la clave sea adaptar la formación a las necesidades de cada persona. Es posible que, por cualquier motivo, una psicóloga en formación se beneficie (o, mejor dicho, se beneficien sus pacientes) de llevar a acabo un proceso terapéutico personal. Otros pueden no necesitarlo. Y, en algunos casos, incluso puede ser perjudicial (para los pacientes, nuevamente).

De todos modos, si que parece importante que el profesional sea al menos consciente de aquellas cuestiones personales que pueden interferir con la terapia, de manera que sea capaz de poner en práctica cualquier tipo de solución que le sirva para no perjudicar la evolución de la persona a la que está prestando ayuda. La atención psicológica se da en el contexto de un relación entre dos o más personas. Es una relación humana, no mecánica, en la que es imposible que el terapeuta no ponga algo de si mismo en la sala de consulta. Darse cuenta, reconocerlo y gestionarlo de manera eficaz es un deber del profesional que no puede ser obviado si se quiere llevar el tratamiento a buen término.

5 comentarios:

  1. En lo personal, me inclino por llevar a cabo el proceso psicoterapéutico antes de dar psicoterapia, ya que si tienes un mejor conocimiento de ti mismo, algo que te da la psicoterapia, podrás ser más objetivo.

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    1. En general nos conocemos a nosotros mismos pero, si no has pasado por una situación, puedes creer que la enfrentarías de una determinada manera, siempre en consonancia con tus valores y creencias,y sin embargo, cuando la tienes encima te das cuenta de que no te comportas igual a lo que tenías pensado. Conclusión: con psicoterapia no te vas a conocer mejor.

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  2. En general, tenemos experiencias y memorias de nuestras reacciones a ellas. Algunas de esas situaciones han sido tan dolorosas que no deseamos repetirlas. Hacer psicoterapia permite ver los límites y definir nuestras posibilidades en el momento de trabajar como psicoterapeutas con personas que han tenido experiencias similares a las nuestras y buscan ayuda para sobrellevarlas y comprenderlas.Conclusion : hacer psicoterapia te permite saber con qué recursos cuentas además de la teoría que utilices.

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  4. Muy interesante, pienso que la psicoterapia es un encuentro permanente con sigo mismo, sin que ello conlleve el hecho de sentirse identificado con la anamnesis del paciente, es mucho más que eso; ya que no necesariamente la resolución de un caso se encuentra determinada por la terapia que pudo tomar el psicoterapeuta, tiene que ver con las diferencias individuales y en cierta medida la interdisciplinariedad con la que se encuentre armado el psicoterapeuta.

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