Cuando era joven, empecé a tocar la guitarra, intentando aprender por mi cuenta. Incluso llegué a tener un grupo de música en el que disfrutaba mucho tocando mi guitarra eléctrica.
Sin
embargo, había algo que me preocupaba: lo que tocaba no sonaba del todo bien;
notaba, especialmente, que al apretar las cuerdas aquellos sonidos que salían
del instrumento parecían tener algo raro. Yo pensaba que el problema era que no
estaba apretando bien la cuerda. Y tenía razón, pero no de la manera que creía.
Me parecía que lo que necesitaba era apretar todavía más fuerte con mis dedos
la cuerda sobre el tr
aste. Y eso es lo que hacía.
Me sentía frustrado porque, a veces, sonaba bien, pero otras no. No lo sabía, pero me estaba equivocando. Iba a ensayar con mi grupo y seguía tocando de esa manera que había aprendido por mi cuenta (leyendo libros con ejercicios o buscando tablaturas de canciones que me gustaban y practicándolas). Mis compañeros no me decían nada, no notaban nada raro (o no se atrevían a decírmelo). Pero un día entramos en un estudio profesional para grabar una maqueta y recuerdo haberlo pasado muy mal. Se me viene a la mente la cara del técnico de sonido (de desesperación) al ver lo mucho que me costaba hacer sonar bien el instrumento. Fue una experiencia frustrante (aunque también muy agradable por la parte de tener nuestras canciones grabadas).
Me topé con alguien que me estaba ofreciendo un feedback con su cara, con sus comentarios, alguien que estaba diciéndome que había algo que yo no estaba haciendo bien. Y no era que no estuviera tocando ni el instrumento adecuado, ni la nota correcta, ni la cuerda y el traste correspondientes, sino que no lo estaba haciendo de la manera eficaz. Sin embargo, tampoco me explicó cómo tenía que hacerlo. Bueno, él no estaba ahí para eso, obviamente.
Con el tiempo (y casi me da vergüenza admitirlo, porque fue mucho tiempo), entendí que justo lo que estaba intentando yo hacer para solucionar el problema, para mejorar mi técnica, era lo contrario de lo que debía hacer. No se trataba de apretar más la cuerda (esto lo sabe cualquier guitarrista experimentado), sino al contrario, apretar lo mínimo necesario para provocar un sonido limpio. Cuando comprendí esto, cambiaron las cosas.
¿Y qué hago yo hablando de tocar la guitarra, y no de psicoterapia? Bueno, quizás... ya te lo has imaginado. Estoy pensando en la aplicación, en terapia, de habilidades, terapéuticas y de técnicas. No es suficiente con saber la teoría, que también es importante. Hay que saber qué instrumento utilizar, como en la música, entender bien cuál es el tempo, una de las cosas que a mí también me costaba aprender, el ritmo, para ir en consonancia con el resto de los compañeros que está tocando la misma canción. Por cierto, también es obvio que hay que saber qué canción estamos tocando y que esta sea la misma. Ir a la misma velocidad, por lo tanto, saber también cuál es la nota y cómo tienes que poner tus manos en la guitarra para que suene esa nota. Saber cuál es la técnica a utilizar, saber en qué momento y saber a qué ritmo. Y hacerlo con precisión, apretar las cuerdas de la manera correcta.
Puedes saber perfectamente cómo es una habilidad, cuál es su descripción, cómo es una técnica, en qué situaciones se utiliza, pero necesitas saber también comprobar que lo ejecutas con competencia. Y esto, si depende solo de tu propia observación, es muy complicado. Quizás, con suerte, lo hagas bien, pero más probablemente no sea así. Siempre podrás basarte un poco en el feedback si prestas atención de los consultantes y al efecto que tienen tus intervenciones. Pero sin duda, algo fundamental es contar con alguien más experto, que conoce bien esas técnicas, habilidades, el tipo de intervenciones que vas a hacer en terapia y que te da un feedback preciso sobre tu desempeño. Es decir, te está viendo y sabe de alguna manera fiable cómo lo estás haciendo. Y que te explique de una forma empática y amable (y también clara y concreta) cómo puedes hacerlo para que la guitarra suene un poco mejor. Siendo consciente de que nadie te puede garantizar que esa melodía que estás tocando guste a todo el mundo, es decir, que la técnica o la intervención tenga el efecto deseado.
Toca fijarse en las caras del público y escuchar sus comentarios (pedir feedback) para ver si esa es la canción adecuada para ese momento y para ese público en concreto, si esa intervención ha dado en la diana o no. Y por supuesto, seguir preguntando. ¿Qué tipo de canción te gustaría escuchar? ¿Cuál es el instrumento que hace falta para conseguir que suene esa melodía? ¿Y a quiénes más necesitamos que formen parte de la banda? ¿Cuál es el objetivo? ¿Ante quién vamos a actuar? ¿Cómo hacemos este trabajo juntos, consultante, psicólogo, supervisor, para conseguir, no que esa canción sea un éxito, no que sea el número uno en la radio, sino que nos haga sentir a gusto al escucharla?
No hay comentarios:
Publicar un comentario