¿Cansado/a de sentirte inseguro/a como terapeuta? Tengo la solución para ti. Solo tienes que seguir las siguientes indicaciones.
4 PASOS PARA SENTIRTE SEGURO/A Y SABER QUÉ HACER CON CADA CASO:
1.
Abraza el DSM. Sométete al modelo médico y convierte el manual
diagnóstico por excelencia en tu brújula. Dejar de perder el tiempo
preguntando por las circunstancias, presentes y pasadas, de la persona y
comienza a explorar síntomas psicopatológicos. Si puedes, pasa tests
"objetivos" que hagan el trabajo sucio por ti.
2.
Trata trastornos, no personas. Trata a los/as consultantes como
pacientes, como enfermos, personas en las que algo marcha mal,
estereotipándolas. Simplifica tu trabajo y olvídate de las diferencias
individuales, culturales, las preferencias, recursos personales, etc.
Empieza a ver neurotransmisores mal regulados, genes defectuosos
expresándose, pensamientos irracionales, estructuras disfuncionales...
Que los árboles (los pacientes) no te impidan ver el bosque (su
trastorno).
3. Elige un tratamiento
específico en función del trastorno. No tengas en cuenta otros factores,
solo este: revisa la lista de tratamientos psicológicos con apoyo
empírico para la enfermedad que has diagnosticado y aplica el protocolo
manualizado correspondiente. Si te causa inseguridad el hecho de que
haya varios tratamientos disponibles, no te compliques la vida: haz
terapia cognitivo-conductual y repite con fuerza y de manera acrítica el
mantra de que es el "gold-standard" de la psicoterapia.
4.
Si la terapia no funciona, culpa al paciente. Al fin y al cabo, tú ya
has hecho un diagnóstico y aplicado la técnica adecuada; todo avalado
por la CIENCIA. Si el paciente no se toma el tratamiento, es culpa suya
que no haya mejoría. Ni se te ocurra plantearte otras explicaciones; no
quieres volver a sentir esa inseguridad, ¿verdad?
....
Si,
por algún extraño motivo, no te convencen estos pasos, solo se me
ocurre otra propuesta: aceptar la inseguridad e incertidumbre como parte
natural de esta profesión. Esto implica olvidarse de atajos e ignorar
las falsas promesas que dicen que vas a poder saber qué hacer en cada
momento con cualquier persona. También implica reconocer, aceptar y
honrar las diferencias individuales, así como valorar las fortalezas de
los consultantes y entender que no son personas defectuosas, enfermas o
desvalidas necesitadas de un terapeuta salvador que les soluciones sus
problemas.
Suerte con tu camino, sea el que sea.
lunes, 25 de agosto de 2025
Hay algo de ironía en este post
Sesgos no reconocidos
El psicólogo potencialmente ineficaz o dañino no es el que tiene sesgos, es el que no es consciente de tenerlos.
La
reflexión viene al hilo de una experiencia que me ha dejado una
sensación amarga. Me da pena y un poco de rabia lo que voy a contar.
Siempre
he dicho que ser divulgador de psicología me parece una tarea
complicadísima y de mucha responsabilidad. Algo que yo nunca haré,
porque ni me siento capaz ni es algo que tenga ganas de hacer. Así que
tiene mérito aquellos/as psicólogos/as que lo intentan y se presentan
como tales: divulgadores. Además, si lo hacen con la intención de
resaltar que la psicología es una ciencia, pues mejor que mejor.
¿Qué puede salir mal? Bueno, los sesgos pueden aparecer.
Esta
semana, leía una publicación de un estudiante de psicología, todavía
cursando el máster de psicología general sanitaria. Una presentación muy
trabajada y elaborada. Se nota que le había dedicado muchas horas.
Hablaba sobre la alianza terapéutica y cuestionaba su influencia en los
resultados de la psicoterapia. En concreto, afirmaba que no existía
evidencia que mostrara que la alianza afecte más a los resultados que el
uso de técnicas concretas. Criticaba duramente los trabajos de Bruce
Wampold (de hecho, se refiere en algún momento a "la estafa de Wampold) y
cosas similares.
Yo
le comenté algo, con la mejor intención, la de crear debate, ofrecer
otra perspectiva, aportarle datos "basados en la evidencia" que
cuestionaban sus afirmaciones. Creo que fui amable, nada beligerante,
pero se tomó muy mal lo que le señalé. Una de las cosas que le comenté
es que él tenía sus sesgos, pero que yo también; ¡todos los tenemos!
Tenemos una historia a nuestras espaldas, unas experiencias que nos van
moldeando, generando determinadas expectativas; nos criamos y formamos
parte de una cultura determinada y no de otras. Vemos el mundo desde la
posición en la que la vida nos ha puesto; pero hay otras visiones, otras
culturas, otras vidas, otras experiencias. Le dije que tener sesgos es
normal, que somos sujetos, no objetos. No era un comentario
pasivo-agresivo. Pero le ofendió y lo lamenté públicamente, explicando
que no era mi intención. Como luego siguió debatiendo, yo volví a
responderle, aportando datos y referencias; incluso mostrándome de
acuerdo con algunas de sus afirmaciones. Hasta me despedí agradeciéndole
que trajera a escena el debate. Y me bloqueó. De esa red y de esta.
Borró mis comentarios. Y no encuentro ninguna manera de ponerme en
contacto con él para para preguntarle qué pasó y disculparme, si fuera
necesario. Me quedo con las ganas de entender qué hice, porque algo tuve
que hacer.
No
lo puedo negar, mis propios sesgos (o como les quieras llamar) me
empujan a hacer interpretaciones desagradables: ¿será que le incomodaba
que la gente pudiera ver argumentos que contradecían su tesis? No dejes
que la verdad estropee una bonita publicación en redes sociales. Bah, es
una interpretación demasiado auto-complaciente.
n
verdad, lo preocupante es que pueda pensar que no tiene sesgos.
Preocupa como pueda afectar a su atención a consultantes. Si no eres
consciente de tus sesgos, asumes riesgos importantes para la terapia. Lo
mismo pasa si te incomoda saber que el consultante es el principal
factor de cambio, no la alianza ni las técnicas.
En
fin, siempre hay tiempo para aprender cosas nuevas. Supervisa, haz
prácticas reflexivas, tu propia terapia personal o medita debajo de un
manzano (¡cuidado que no te caiga una fruta en la cabeza!). Lo que sea,
pero date cuenta. Porque si no, van a pasar muchas cosas en terapia que
no vas a entender. Y a lo mejor culpas a los demás y no asumes
responsabilidad.
Y lo digo aquí para recordármelo a mí mismo, también.