viernes, 16 de enero de 2026

10 años

 

El 15 de enero se cumplen 10 años de la apertura de mi consulta. ¿10 años ya? Es extraño, ¿por qué tengo la sensación de que no ha pasado tanto tiempo? Y ahora soltaré el típico “parece que fue ayer…”.

Parece que fue ayer… cuando imprimí un montón de tarjetas de visita y fui comentando a varias personas que había abierto una consulta privada de psicología clínica. Con ilusión, pero con mucho miedo. No sabía qué iba a pasar. ¿Tendría gente a la que atender? ¿La suficiente como para vivir de ello? ¿Durante cuanto tiempo? Los primeros años miraba con ansiedad la agenda. Aunque no tardé en tener mucho trabajo, no podía evitar observar de reojo cómo las páginas correspondientes a las siguientes semanas parecían muy vacías. Hizo falta mucho tiempo para sentir más seguridad con respecto al futuro, aunque siempre queda un poco de incertidumbre, escondida en un pequeño rincón de mi conciencia.

Empecé de forma un tanto precaria, aunque habitual para muchos colegas de profesión, por otro lado. Alquilaba un despacho por horas, solo cuando tenía consultas programadas. No me atrevía a alquilar una consulta propia, por el miedo a que la cosa no funcionase. Era incómodo no tener un espacio que poder considerar mío, pero eso no me impidió hacer las cosas lo mejor que pude. Todavía recuerdo la primera persona a la que atendí: los nervios del momento, mi primer uso del feedback sistemático (decisivo en este caso) la satisfacción de haber logrado ayudarle.

No me puedo quejar; tuve la inmensa suerte de contar con muchas personas que confiaron en mi y dieron mi contacto, de manera que a las pocas semanas ya me pude permitir dejar el despacho por horas y empezar a compartir consulta con otra psicóloga, con la que todavía sigo, hoy en día. No habían pasado 6 meses desde que empezara a trabajar por mi cuenta y ya tenía suficiente trabajo como para vivir de ello.

Unos meses después, vino el primer cambio de ubicación, de forma inesperada. Nos despertamos un día con la sorpresa de una inundación en un piso superior que había llegado hasta el nuestro, deteriorando gran parte de lo que teníamos allí. Afortunadamente, encontramos un nuevo sitio en el que establecer la consulta, más luminoso y cómodo. Fue entonces cuando la familia creció, y empezamos a compartir despacho con otro psicólogo, formando un extraño equipo informal (cada uno trabaja por su cuenta, aunque estemos en la misma ubicación) que se mantiene en el presente. Ciertamente, poder entendernos y acompañarnos en múltiples situaciones ha sido un factor fundamental para que hayamos llegado hasta aquí en las mejores condiciones. 

 

Fueron muchos años en aquellas oficinas de la Calle Instituto, hasta que nos mudamos en febrero de 2025 a nuestras consultas actuales, en una calle cuyo nombre tiene mucho que ver con la psicoterapia: Libertad. Hacía tiempo que necesitábamos mejorar el espacio en el que trabajábamos, y creo que lo hemos conseguido: mayor amplitud, tranquilidad, comodidad y privacidad. Por fin, con acceso y baños adaptados, sin barreras arquitectónicas. En este nuevo hogar, he podido llegar a la cifra de las más de 500 personas atendidas por mi a lo largo de estos 10 años.

 

Durante este tiempo siempre tuve trabajo, y por ello estoy muy agradecido. El único momento de verdadera incertidumbre lo viví cuando atravesamos la pandemia de 2020. Hubo unos meses de vacío, sin apenas consultantes. Eso me llevó a aceptar un contrato en los servicios públicos de Asturias (también había trabajado previamente unos meses en un centro de salud mental infanto-juvenil, pero lo tuve que dejar porque era demasiado agotador trabajar en los dos sitios a la vez), pero la experiencia sería breve. En poco tiempo volví a tener la consulta llena.

En esta década, mi desarrollo profesional ha ido más allá de la consulta. Este blog me dio muchas alegrías. Lo empecé a escribir para posicionarme en internet. La idea era escribir artículos que fueran de interés del público general, pero al poco tiempo esto fue cambiando. La divulgación no es lo mío, nunca me sentí cómodo haciendo entradas como las que te puedes encontrar en tantas páginas de otros colegas (que explican estas cosas mucho mejor que yo). Así que empecé a escribir de una forma más coherente con lo que me interesaba y menos orientada a atraer posibles consultantes. Este blog acabó dirigiéndose más a otros profesionales de la salud mental que a los legos en la materia. Hubo momentos en los que fue relativamente popular entre algunos de mis colegas. En más de una ocasión, al ir a un congreso o jornadas, me encontré con personas que me conocía como “el del blog”. Eran otros tiempos, cuando escribía muy a menudo y con pasión. En los últimos años, el número de entradas a disminuido enormemente. La falta de tiempo y de nuevas ideas han sido los principales motivos. Recordar aquellos tiempos de mayor actividad me hace sentir nostalgia.

El desarrollo del blog, y algunas de las personas que fui conociendo, dio pie a que empezara a publicar algunos artículos en revistas profesionales, colaborando con colegas que compartían inquietudes similares a las mías. También pude participar en la escritura de varios capítulos de libros relevantes sobre tratamientos psicológicos que se usan en facultades de psicología de toda España.

 


 Pero, en el ámbito académico, el hecho que más me marcó fue la publicación de mi libro: “Mejorando los resultados en psicoterapia” (2021). Aquella obra dio lugar a un montón de cosas buenas: mensajes de personas que lo habían leído y querían transmitirme sus buenas impresiones, invitaciones para participar en cursos y congresos, alguna que otra entrevista en podcasts (en el siguiente enlace, tengo una lista de reproducción con muchos de los podcasts en los que participé: entrevistas)… Ese libro me abrió muchas puertas y es uno de los logros de mi carrera de los que estoy más orgulloso. 


 

Con el tiempo, he ido dejando de escribir y aprendiendo a decir “no” a propuestas de trabajo. De nuevo, cambios en mis circunstancias vitales han hecho que reorganice mis prioridades y el tiempo que dedico a cada cosa. Me da pena estar menos presente en algunos ámbitos, pero estoy satisfecho de ser capaz de renunciar a esta parte de mi carrera, sabiendo que es mejor para mi salud.

En estos 10 años he descubierto que me gusta hacer formación, aunque me produce bastante tensión, al sentir que es una tarea de mucha responsabilidad. Es un gusto pensar en todas las organizaciones que han confiado en mí: he dado clases en el Servicio Madrileño de Salud, el Servicio de Salud de Castilla La Mancha, la Universidad de Oviedo, Universidad de Valencia, el Colegio de Psicólogos de Galicia, en un Diplomado Internacional de Terapia Breve… Espero haberlo hecho lo mejor posible.

También he descubierto lo mucho que disfruto supervisando a otros colegas. Hace unos años, comencé a ofrecer supervisiones individuales y grupales, lo que me ha permitido seguir conociendo a otras/os psicólogos/as comprometidos con su trabajo y aprender de ellas y ellos, gozando de su compañía todos los meses.

 

Son 10 años en los que ha aprendido mucho y de muchos: consultantes, alumnos y supervisados. Gracias a todos por haberme permitido crecer como psicólogo clínico y como persona. Espero poder estar aquí cuando haya pasado otra década, haciendo balance. Mientras tanto, que el tiempo fluya en un constante presente.

Gracias.

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