lunes, 3 de septiembre de 2018

¿Y si... las administraciones se implicaran?



Imaginemos durante un momento la siguiente historia:

Las administraciones públicas, a través de los servicios de salud autonómicos correspondientes, deciden invertir dinero en recursos destinados a mejorar la salud mental. Para evaluar si efectivamente se logra este objetivo (“mejorar”), hará falta medir de alguna manera los resultados y compararlos a lo largo del tiempo. Así que una de las primeras medidas consistirá en implementar técnicas que permitan alcanzar este fin. En nuestra historia imaginaria esto se llevaría a cabo de la siguiente manera:
  • El servicio de salud proporcionaría a los clínicos algún instrumento para monitorizar los resultados de las personas que acuden a su consulta.

  • Desde la dirección de los servicios de salud mental se establecería la norma interna de utilizar dichos instrumentos de forma obligatoria en todos aquellos casos en los que se llevara a cabo algún tipo de tratamiento psicológico.

  • La gerencia organizaría la formación especializada necesaria para que los profesionales desarrollaran las habilidades que les permitan utilizar con pericia las herramientas destinadas a mejorar la atención psicológica.

  • Así mismo, la gerencia proporcionaría recursos clínicos que facilitaran la consecución de los objetivos deseados. Por ejemplo, supervisión interna o externa de profesionales expertos.
En resumen, tendríamos una administración implicada que ha habría hecho una inversión económica significativa, consistente en usar un instrumento que permita monitorizar los resultados de la intervención psicológica y tomar decisiones clínicas en función de la evolución observada; y tendríamos también un equipo de profesionales que cuenta con la posibilidad de recibir formación y supervisión continua.

Solo con esta información, ¿podemos atrevernos a precir cuál sería el final de esta historia? ¿Mejoraría en general la salud mental de la población atendida solo con estas medidas? ¿Y cómo afectaría económicamente a los servicios de salud?

Lo cierto es, por extraño que parezca, que tenemos algunas pruebas que nos permiten predecir que esta historia tendría un final feliz:
  • Con el paso de los años, los resultados globales de los servicios de salud mental mejorarían. El porcentaje de casos en los que se observasen cambios clínicos significativos aumentaría de forma importante. Se reduciría el número de abandonos prematuros (personas que dejan de acudir a consulta al no ver que la terapia esté funcionando o por problemas en la relación terapéutica), permitiendo que más personas solucionasen sus problemas. Se reduciría también el porcentaje de personas que empeoran.

  • La motivación y pericia de los clínicos también iría en aumento. Monitorizar sus resultados y contar con una organización que le apoya y le ofrece supervisión favorecería el desarrollo profesional individual. Comprobar que lo que uno hace funciona (y que si es así, se puede encontrar ayuda fácilmente) anima a seguir trabajando y previene la aparición del estrés laboral.

  • Y no, la economía de las administraciones no se resentiría. La gente mejoraría con un número menor de sesiones, lo cual implica ahorro. Más personas se recuperarían, lo que lleva asociado que se produzcan menos consultas también en otros servicios sanitarios (atención primaria, urgencias, etc.); lo cual también implica ahorro. Cabe pensar que podría haber menos ingresos hospitalarios (en unidades psiquiátricas) y de menor duración. Lo cual implica mucho ahorro.
¿Es esto pura fantasía o puede ser realidad?

Como decía, hay motivos que nos hacen pensar que es posible. Aquí van dos.
  • Robert Reese y sus colaboradores publicaron un artículo en el 2014 en el que estudian los resultados de un servicio de salud pública en Estados Unidos. Este trabajo es interesante porque las personas atendidas pertenecen a una población con bajos recursos económicos. A los clínicos se les instruyó en el uso de PCOMS, que fue el instrumento utilizado para monitorizar los resultados de la intervención. El análisis de los datos incluyó resultados de más de 5000 usuarios y 86 terapeutas. Lo que se obtuvo fue sorprendente: el 65.6% de las personas habían mejorado significativamente. Este porcentaje es prácticamente similar al obtenido en los ensayos clínicos aleatorizados en los que se estudian los efectos de la terapia psicológica, que son los que se consideran como el "no va más" en cuanto a las pruebas de este tipo.

  • En Canadá se encuentra una agencia de salud mental en la que también se comenzó a utilizar PCOMS de forma rutinaria por parte de todo el equipo. Simon Goldberg y sus colaboradores presentaron los resultados en 2016: después de varios años de trabajo, la efectividad de la agencia en general había mejorado sustancialmente. Los propios clínicos pudieron comprobar como sus resultados individuales fueron cambiando con el paso del tiempo: es decir, mejoraron su desempeño.

Se habla mucho de la formación del psicólogo clínico, de los efectos del terapeuta, la eficacia de los tratamientos, etc., y eso está bien. Pero no debemos olvidar que, por muy bueno que sea el profesional, si detrás no hay una organización que lo "cuide” y se preocupe de ofrecer un buen servicio, no es realista esperar grandes resultados. Las administraciones públicas y los servicios de salud (públicos y privados) tienen que invertir más recursos si quieren ser eficientes. No soy un experto en cuestiones económicas y presupuestarias, pero creo que medidas como las mencionadas pueden suponer realmente un ahorro a corto plazo, por las cuestiones que comentaba (menor número de sesiones, menor número de visitas a urgencias, menor número de ingresos… todo eso supone un ahorro que puede compensar la inversión que supone contratar a más profesionales, formarlos e implementar prácticas clínicas eficaces). Algunos estudios han mostrado que, cuando los casos son graves, a mayor número de personas en la agenda de un clínico, peores resultados se obtendrán. Así que hay que invertir, incentivar a los profesionales, cuidarlos, darles herramientas para que puedan desempeñar su trabajo mejor, ofrecerles supervisión y formación continua de calidad, establecer un clima organizacional centrado en las necesidades de las personas que necesitan ayuda.


Sin el apoyo de los de arriba, de los que mandan y organizan los sistemas de salud, da igual que los equipos estén llenos de profesionales de élite: las cosas no van a ir mejor.

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